Sor Martha Ligia Saldarriaga ofrece diariamente 120 almuerzos a niños y ancianos. Foto: Sergio Reyes.

Carolina Argüello Cruz

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“Cuando salí de mi casa, mis padres estaban felices; pero mi hermana mayor lloraba y lloraba; yo me sentía muy tranquila porque había encontrado mi plenitud”; así recuerda Sor Martha Ligia Saldarriaga el día que salió de su casa en Santo Domingo, Antioquia, para congregarse en la comunidad de las Franciscanas Misioneras del Niño Jesús.

La hermana hoy vive en Neiva y es una de las tantas religiosas que cumplen una labor social ayudando y sirviendo al prójimo. Sor Martha y las hermanas de su comunidad hacen parte del Comedor San Francisco de Asís ubicado en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro del barrio Campo Núñez; allí 60 ancianos y 60 niños reciben de martes a sábado un almuerzo preparado y servido por ellas.

“Esta labor es muy satisfactoria porque la mayoría de los abuelos son personas solas que no tienen quien les haga un alimento, para ellos es fundamental tener al menos el almuercito. En los niños es importante porque son menores de sectores cercanos de muy escasos recursos y viven en barrios marginados. Las mamás por lo general no tienen trabajo por lo que esta labor es como un medio de ayudarles a llevar la responsabilidad”, relató la religiosa.

Para ella estar alejada de su familia no es un sacrificio, más cuando se está al servicio de Dios y haciendo lo que desde muy  niña soñó.

“Ayudar al necesitado y servirle a Dios, a los más pobres, a los niños y a los ancianos es lo más bonito de ser religiosa. Al principio me costó un poco alejarme de mi familia pero el ideal que yo tenía cuando tomé esta opción todo lo suplió, para mí la alegría más grande era consagrarme a Dios sirviendo a la gente y eso pesó y pesa más que el amor a la familia”, añadió Sor Martha Ligia.

Labor diaria

Las hermanas de la comunidad Franciscana Misioneras del Niño Jesús tienen como filosofía vivir en sencillez, pobreza y obediencia basadas en las reglas de San Francisco de Asís.

“Nosotras vivimos en fraternidad con las demás hermanas, tenemos momentos comunes de oración, existimos sin nada propio pero no nos falta nada; todo lo que llega a nuestra comunidad va a un fondo común y somos felices”, aseguró.

Gestos de agradecimiento

Sor Martha Ligia manifiesta que su mayor satisfacción es ver una sonrisa en las personas que reciben de su ayuda. Especialmente los niños y los ancianos de quienes diariamente recibe gestos de amor y alegría.

“Nosotros velamos por su crecimiento también espiritual por lo que los niños asisten a la eucaristía los domingos a la 9:00 a.m., tienen formación los sábados y les hacemos retiros espirituales a ellos y sus familias”, resaltó la religiosa.

Día de la Mujer

Aprovechando que hoy es 8 de marzo, la religiosa habló claro para aquellas mujeres que aún se sienten insignificantes en la sociedad y que por tanto, no se valoran ni respetan a sí mismas.

“Yo les diría que ser mujer es el signo de la ternura, del amor, del calor humano, la mujer es la que procrea. Les digo que se quieran mucho y que se abran a la vida que esta es una característica especial en ellas por lo que no deberían evitar vivir de esta manera”; recalcó.

Su historia

Sor, narra que su niñez la vivió en una casa en el campo en la que siempre ella y sus seis hermanos estuvieron acompañados por su mamá; pues su papá era quien trabajaba para llevar el alimento.

“Aunque tal vez vivimos con mucha escasez, nosotros éramos felices; al ser varios hermanos compartíamos y jugábamos entre nosotros, además, tuvimos la oportunidad de estudiar y eso era muy importante en nuestra época”.

Ser religiosa siempre fue su sueño, un sueño que se le hizo realidad a sus 22 años cuando ingresó a la comunidad a la cual hoy pertenece.

“Para mí el ser religiosa era algo que siempre estaba dentro de mi corazón, se hizo realidad en un momento en que alguien me hizo la pregunta directa. ¿No te gustaría ser religiosa? Cuando esa señora me hizo esa pregunta sentí como si fuera una voz sobre natural que se valió de ella. A mí me impactó y en ese momento no le di una definitiva pero cuándo fue su hija, que era religiosa, fue al pueblo la llevó a mi casa y le dijo que yo quería ser religiosa, eso me animó más porque cuando le pregunté a ella que qué era necesario para ser religiosa, ella me dijo ‘no necesitas nada, solo tener una buena formación moral y querer servir a Dios’ por lo que yo dije ‘yo tengo todo para serlo’ y así fue”.

La hermana hoy es feliz viviendo su vida al servicio de Jesús y de los necesitados; asegura que aunque no es madre biológica si lo es desde el don del servir y el ayudar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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