Jesús Antonio Correa Luna, Medico Sexólogo Clínico

El 24% de parejas viven lidiando por salvar su relación y superar discrepancias. Un porcentaje de estas son por el dinero, problemas sexuales y un gran número de estas uniones no se recuperan y la relación fallece por falta de una atención oportuna. Cifras de la Superintendencia de Notariado y Registro, dicen que los divorcios en Colombia han aumentado 38% desde 2016, y se calcula que de cada 5 parejas 3 se separan. El asunto es la efectividad de la terapia de pareja, que consiste en enfrentar a los esposos a un tercero. Hablar con esa tercera persona capacitada en estos temas quiebra la mentalidad rígida en cada uno. Se trata de recordarles el motivo de su unión. Tales encuentros pretenden llegar al motivo del resentimiento, buscando estrategias que reconstruyan la relación. No se puede dar vuelta a lo que no se comprende. El éxito implica seguir pautas. Lo fundamental es acudir a tiempo, es decir, ante la menor insatisfacción y antes de que se endurezcan el rencor y la rabia, cuando ya no compartan cosas que hacían juntos o que los acercaban, o sienten cierto fastidio por el otro. Pero la mayoría asiste cuando ya es demasiado tarde y las dificultades han avanzado. Entonces el especialista tiene que intervenir más como un bombero que como un terapeuta. También es contraproducente ir con intimaciones ocultas. Hay casos en que un cónyuge pretende convencer al terapeuta de que su punto de vista es el correcto y jugar al papel del policía bueno. Otros solo van para que después no digan que no lo intentaron. En su corazón no quieren estar ahí, pero tampoco quieren terminar como culpables. La terapia tampoco funciona cuando no existe el amor o uno de los dos no está conectado en recuperar la relación. En la primera cita se les pregunta a cada uno por separado si existe amor. Aun cuando la infidelidad afecta los cimientos de la relación, la terapia puede ayudar, eso sí, requiere más tiempo porque hay que recuperar la confianza mutua. Las parejas más proclives de lograrlo son aquellas en que la persona afectada por la traición pone las condiciones y la otra las acepta. Esta terapia no solo sirve para preservar la relación, sino para hacer más tolerable una eventual separación. Una minoría de parejas pretenden quedarse bajo el mismo techo, pero sin agredirse física o psicológicamente. Otra opción es lograr una ruptura lo menos traumática posible. El éxito de la terapia reside en acudir prontamente a la ayuda cuando asomen los primeros problemas y no cuando ha transcurrido demasiado tiempo cuando ya no se toleren los dos. Acudan con honestidad sin pretender convencer al profesional para que los califiquen como víctimas o de que poseen la razón. La actitud más acertada e importante en la terapia es saber escuchar. Decir la verdad porque mentir o guardar secretos limitará sustancialmente el éxito del ejercicio. Mentir para impresionar al terapeuta tampoco es una actitud sana y noble pues solo ahondaría los problemas. Llegar dispuestos, no por complacer al otro o por quedar bien porque esto no ayuda. Llegar con el alma en las manos y la mente abierta, con la idea de obtener buen provecho, así solo sea entender mejor la situación. No poner límites de tiempo, algunos requieren 5 o 6 sesiones para encauzar la relación, pero otros toman más tiempo. Es clave mantenerse en constante disciplina con la tarea de recuperar la relación. No hay que dar sino convi-dar. No hay que ceder sino con-ceder: Yo te doy, tú me das. Esas son las premisas de una efectiva y exitosa terapia de pareja.

 

 

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