La opinión pública huilense ha sido testigo por estos días de una ‘guerra epistolar’ entre la rectora suspendida de la Universidad Surcolombiana de Neiva, Nidia Guzmán Durán, y su antecesor, Pedro Reyes Gaspar.

Sin saber las motivaciones personales que pueda haber de por medio, los protagonistas se han lanzado públicamente cuestionamientos mutuos. Reyes Gaspar cuestionó de Guzmán Durán, por ejemplo, la improvisación, la poca claridad sobre los procedimientos para avanzar en la re-acreditación institucional, los cambios intempestivos de su equipo directivo para devolver favores electorales, entre otros. También insistió en los resultados de su gestión y exaltó el liderazgo nacional y regional alcanzado durante los cuatros años de su periodo.

Como era de esperarse, la rectora suspendida le salió al paso a las críticas de su antecesor. “No parece comedido de su parte, el que se pretenda comparar cuatro años de su gestión, con los cinco meses de desempeño en el cargo de Rectora”, fueron algunas de las afirmaciones que hizo la rectora Nidia. También le dijo: “No es cierto que haya recibido una Universidad con liderazgo nacional. Lo que la opinión pública conoce es que durante el segundo semestre de 2018, la institución se vio involucrada en un gravísimo problema de corrupción relacionado con la elección de Personero de Neiva, por actuaciones desde la Universidad en el tiempo de su Rectoría”.

Resulta lamentable que dos académicos caigan en este tipo de enfrentamientos. No sólo se hacen un mal a ellos mismos sino que con sus pugnas contribuyen a deteriorar la imagen de la Universidad Surcolombiana y a enrarecer el ambiente en la región.

En esta época de interinidad que enfrenta la Usco, lo menos conveniente es que, guardadas las proporciones, esta casa de estudios termine experimentando lo que el país vivió con la ‘guerra’ Santos-Uribe.

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