Jorge Fernando Perdomo

La verdad, en la fauna no existen los elefantes blancos y por supuesto este ejemplar no estaría expuesto a la extinción, pero en el Huila proliferan por toda nuestra geografía.

Para poder entender que seamos uno de los departamentos que más dinero ha recibido de las regalías por la venta de petróleo y seamos el tercero más pobre de Colombia es simplemente porque la corrupción y el desgreño hizo de nuestra región su coto de caza y no precisamente para cazar elefantes sino para criarlos y engordarlos.

Nos estamos empobreciendo o ahogando en nuestras propias riquezas. La pobreza, en todas sus presentaciones, según los tecnicismos económicos, sigue aumentando. Y cuando uno pregunta qué se hizo la plata de las regalías, la respuesta es que la malgastaron, la despilfarraron, la invirtieron mal, o en el peor de los casos, se la robaron.

Y los monumentos a la corrupción están a la vista de todos los huilenses. Son los llamados, pintorescamente, “elefantes blancos” que observamos a lo largo y ancho del departamento.

Un distrito de riego donde se han invertido 3 veces lo presupuestado y todavía sin terminar, hospitales para el futuro opita en la mitad del camino desde hace años, escuelas, colegios, plazas de mercado y muchas obras más sin que lleguen a la última mano de pintura, hacen parte de las pruebas necesarias para calificar como un robo la conducta de funcionarios y contratistas que se hicieron más ricos con dineros públicos y con la complicidad del mal llamado liderazgo opita.

 

Los elefantes blancos son las más fehacientes muestras de la corrupción que se ha tomado al departamento.

Debería darnos vergüenza señalar siquiera esos esperpentos producidos por administraciones mal preparadas, deshonestas y serviles que en la mayoría de los casos han dejado pasar con la cabeza gacha el hampa local, una amalgama de politiquería y de advenedizos que se convirtieron de la noche a la mañana en los caciques de la comarca que avasallan a los honestos.

En el Huila, estamos haciéndole un tributo a la corrupción. Y se lo hacemos, con nuestro silencio y nuestra pasividad extrema que están llevando al 61 % de la población a condiciones lamentables de vida.

La reflexión que nos hacemos los Huilenses a diario cuando vemos esos millones de pesos enterrados y convertidos en concreto deteriorado es que no hemos sido una región pobre, somos un departamento empobrecido por unas malas administraciones donde los politiqueros han hecho de las suyas y donde un pueblo amnésico repite su desgracia una y otra vez por cuenta de su olvido.

 

Como lo dijo Luis Carlos Galán la “administración del Estado es un botín que se reparte a pedazos” o

para seguir en el análisis pintoresco de estos animales blancos recordamos a Mafalda la genial creación de Quino: “No nos faltan recursos, nos sobran ladrones”.

 

 

 

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