Alexander Molina Guzmán

Llevamos un estilo de vida altamente contaminante, un consumismo depredador, y al mismo tiempo pegamos el grito en el cielo y pedimos frenar esa contaminación pero, qué contradicción, continuando con el mismo estilo de vida. Y sí es así, pues ya no tenemos remedio.

Y como el problema de la contaminación está más concentrado en las ciudades, ahí es donde están puestos los ojos para ver si en verdad los gobiernos desarrollan políticas que en serio le apunten a la descontaminación y que la sociedad esté dispuesta a aceptarlas, así afecte su estilo de vida.

Como uno de los focos de contaminación so los vehículos, carros y motos, que todos los días utilizamos para transportarnos, así sea para andar unas cuadras, algunas ciudades han institucionalizado el “el día sin carro y sin moto”. Pero como toda política que se respete hay que medirla para ver si ha provocado los efectos deseados, hay que tener evidencia si el “día sin carro y sin moto” ha dado los resultados esperados. Y en verdad, la evidencia indica que esa medida es un saludo a la bandera; que es una medida que nos hace parecer por un día “amigables” con el medio ambiente, cuando lo mondo y lirondo es que todos los otros 364 días del año seguimos ¡contaminando!

En el año 2000, Bogotá fue la ciudad que primero instituyó el “día sin carro”, lo hizo por consulta popular incluso, y luego la siguió Medellín. Y miren ¡qué contrariedad!, después de más de quince años de haber implementado esa medida, hoy por hoy son las dos ciudades que más problemas de contaminación del aire tienen; contaminación originada, en otros agentes contaminadores, por los miles y miles de carros y motos que circulan a diario. Entonces, esa medida del “día sin carro y sin moto” se convirtió más en un lema de campaña para parecer “amigables” con nuestro medio ambiente, que en una medida efectiva para evitar esa contaminación durante todo el año. Perfecto, funciona por un día, ¡saludo a la bandera!, y después qué.

Acá en Neiva, esa medida del “día sin carro y sin moto” ya la están volviendo costumbre, pero sería mejor hacer cumplir las normas con rigor y sancionar a todos esos vehículos públicos y particulares que todos los días andan como verdaderas chimeneas; que se pasan, incluso, por las narices de las autoridades sin que nadie los sancione. La contaminación se puede ir frenando, si con rigor se ejerce la autoridad para hacer cumplir las leyes que protegen al medio ambiente.

 

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