El padecimiento de Salvador Losada con ERC, fue más soportable por su manera positiva con la que afrontó la enfermedad. Foto Sergio Reyes.

Salvador Losada Zapata tiene 53 años. Al mirarlo hoy, nadie se imaginaría que hace tan solo siete meses fue paciente con enfermedad renal crónica y padeció las implicaciones de depender de la función de una máquina para sobrevivir.

Con anterioridad ya tenía problemas de diabetes e hipertensión, enfermedades que creía tener controladas con medicamentos. Pero un día, sin más ni más su vida dio un tremendo giro. “Hace unos 8 años, estando en el campo, fui a orinar y sentí mucho ardor, fue algo así espontaneo. Acudí al nefrólogo quien me dijo, parece que le sacaron la mano los riñones. Dicho y hecho, luego de varios exámenes a los 20 días volví donde el especialista, entonces dijo, está muy avanzado el problema, hay que dializarlo. Tal vez la enfermedad venía desde hace tiempo y nunca le paré bolas”, comenta este neivano.

Así, Salvador entró hacer parte del cada vez más nutrido grupo de pacientes en Neiva que deben someterse a diálisis, el procedimiento que reemplaza la función de los riñones de filtrar la sangre, sacar del cuerpo las toxinas y líquidos que no se necesitan.

El primer año de este poco agradable episodio de su vida con hemodiálisis fue para él catastrófico, sintió que el mundo se le vino encima. “Hice un análisis interno de por qué me pasaba esto, de cuáles fueron esos descuidos que me llevaron a estar ahora así amarrado a una máquina para vivir. Después de un año y meses de padecimiento entendí que la actitud positiva me ayudaría de gran manera. Entonces dejé de sentir que la hemodiálisis era una tortura, decidí no hacer de mi enfermedad una catástrofe y mantuve una correcta administración de ella. Me dije, mientras que Dios me de vida, me la lucho, hasta el último segundo, con alma, vida y corazón”, expresa Salvador.

Durante más de siete años, acudió a Nefrouros tres veces a la semana a la hemodiálisis, cada una de 4 horas y cuarto. Nunca falló un solo día. Para el neivano, especialista en hidráulica con conocimientos en manejo de riegos, y además comerciante jefe de su empresa familiar, le implicó un cambio en su rutina de trabajo. Ya no podía iniciarla desde las 5 de la mañana y hasta las 7 de la noche, ni viajar constantemente como lo hacía.

 

Una donación de vida

Salvador se inscribió en la Unidad de Trasplantes del Hospital Universitario de Neiva, con la esperanza de la oportunidad de recibir nuevos riñones. Por 5 años estuvo en lista de espera. Cada mes iba al hospital a registrar su muestra de sangre para tener actualizado el grado de compatibilidad con algún órgano donante.

Hasta que llegó el gran día. El 8 de agosto del 2018 le llamaron de la Unidad, iban a ser las 10 de la mañana. “A las 11 llegué por urgencias al hospital, me hicieron exámenes, a las 3 de la tarde me entraron a sala de cirugía para trasplante de riñón y a las 6:30 de la tarde ya estaba en sala de recuperación. Estuve ocho días hospitalizado ya que la EPS Medimás demoró en entregarme los medicamentos que requería y que no debía dejar de tomar un solo día. De ahí continuaron las demandas y tutelas, órdenes de desacato, condena de arresto, como sucede ya de manera normal con el sistema de salud del país”, menciona el comerciante neivano.

Hoy, poco más de siete meses después vive una vida normal y de calidad. “Tengo la oportunidad de estar el 99 por ciento activo. Nunca deseé que alguien se muriera para yo disfrutar de mejor vida. No me atreví a investigar quién fue el ser humano que me lo donó, solo doy gracias a su familia, y pido a Dios que tenga a ese espíritu gozando de plenitud, en el otro mundo ya nos encontraremos y allá le daré las gracias”, manifiesta.

Salvador cuida ahora más que nunca sus riñones con hábitos saludables. Como siempre lo tuvo, cuenta con el apoyo de su esposa, sus dos hijos, dos nietos y su padre de casi 90 años.

 

Padecimiento de muchos

El Huila es un departamento que tiene alta incidencia de enfermedad renal crónica. En este momento hay unos 800 pacientes en diálisis, es decir en estadio5, la fase más avanzada de la enfermedad. Y otra mayor cantidad de pacientes con ERC en los estadios 1 a 4.

Esta patología es secundaria en más del 90% a dos enfermedades muy comunes en la población, la diabetes y la hipertensión, cuyos síntomas son silenciosos pero que van dañando los órganos.

Otra alternativa para los pacientes en diálisis es el trasplante renal. Desafortunadamente no todos tienen acceso o no son aptos para uno. El doctor Fermín Alonso Canal, jefe de la Unidad de Trasplante del Hospital Universitario de Neiva, explica por qué. “Principalmente, porque por sus enfermedades adicionales está contraindicado, como ocurre con más o menos el 30% de esos 800 pacientes que están en diálisis. A los otros pacientes su EPS no le autoriza la valorización pre trasplante, o el paciente nunca solicita ser remitido porque le da miedo la cirugía, o viven muy lejos y se les dificulta el desplazamiento a Neiva para el trasplante”.

El riñón es uno de los órganos más requeridos para trasplante. Actualmente se tienen unas 45 personas en la lista de espera con la ilusión de mejorar su calidad de vida y funcionalidad, y otros 30 a quienes les están realizando estudios para determinarles si pueden o no ingresar a esa lista.

El trasplante se puede realizar de un donante vivo, alguien de la familia, pero para muchos no deja de causar aún temor el procedimiento quirúrgico de extracción. También se puede realizar de un donante cadavérico; 4 de cada 100 personas que fallecen pueden ser donantes, estos son los declarados con muerte cerebral, cuyos órganos pueden seguir funcionando hasta por 48 horas sostenidos por medicamentos y equipos especiales de las unidades de cuidados intensivos.

Muy a pesar, la tasa nacional de donación se ubica todavía en un nivel muy bajo. El Doctor Canal comenta que al hacer el abordaje a la familia del fallecido para solicitar la donación, poco más de la mitad la niegan. “Los motivos son muchos, entre estos figura la creencia que tal vez le dejaron morir a su familiar porque necesitaban los órganos. Yo quiero dejar claro que el diagnóstico de muerte cerebral no lo hace ningún médico que trabaje en trasplante. Es muy importante que nos concienticemos que la donación de órganos es una forma de que esa persona que falleció, siga viviendo en otras personas”.

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