La ‘batalla’ que perdieron los colegios privados del Huila

De ahora en adelante, el servicio de educación de adultos en las instituciones no oficiales, tendrá que prestarse en los mismos ciclos pero no solo los sábados, como ha venido ocurriendo. La jornada escolar tendrá que adelantarse por lo menos en dos días a la semana. Polémica.

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La educación para adultos tendrá una intensidad horaria semanal en por lo menos dos días a la semana y no en una sola jornada presencial.

RICARDO AREIZA

unidadinvestigativa@lanación.com.co

Los colegios privados del Huila no pudieron ‘tumbar’ una directiva regional que regulaba la prestación y el manejo del servicio de educación de adultos en establecimientos educativos no oficiales de los municipios no certificados.

Por el contrario, de ahora en adelante, tendrán que aplicar los nuevos lineamientos adoptados desde el 2014 que los obligaba a establecer la jornada escolar por lo menos en dos días a la semana y no una extenuante y anti académica jornada presencial.

La norma facilitaba el ingreso a la educación de las personas adultas que estaban por fuera del sistema educativo, permitiendo a las instituciones adoptar jornadas y horarios de permanencia en el plantel acorde con la edad y tipo de población tradicional.

Sin embargo, la Asociación de Establecimientos Educativos Privados del Huila (Asespri) consideró que la medida generaba un impacto negativo directo en los estudiantes adultos provenientes de zonas rurales apartadas y comunidad indígena y en general a la población potencialmente beneficiaria.

La directiva No. 01 del 22 de enero de 2014 expedida por la secretaria de Educación del Huila, Martha Cecilia Medina Rivas fue demanda y  se encontraba suspendida desde el 5 de junio de 2015 por una medida cautelar decretada un año después por el Tribunal Administrativo del Huila. La corporación confirmó la legitimidad de la medida y rechazó de plano la acción de nulidad que proponías los colegios privados.

Contexto

La educación presencial comprende 800 horas para la educación básica que va del grado primero a noveno grado y la media de 440 horas en los grados diez y once.

La semipresencial es equivalente al 50% con una intensidad de 400 horas para los grados primero a noveno y 220 horas para los grados diez y once. El restante 50% se compensa con el trabajo del estudiante.

Desde hace diez años los colegios han venido organizando la modalidad semipresencial en los fines de semana (únicamente los sábados), lo que se ha convertido en que se dicten jornadas de seis y  siete horas, cuando lo ordenado son diez horas mínimas.

Para mejorar la calidad, la cartera educativa dispuso que la intensidad horaria debe distribuirse en dos días y no en una sola jornada.

La medida  “es razonable porque física, temporal y pedagógicamente es imposible que en un día el alumno cumpla con las diez horas mínimas si se tiene en cuenta la distancia, horas de entrada y salida, pausas y tiempo que se debe destinar al almuerzo”, alegó Medina Rivas.

En estas condiciones, el  Decreto 3011 de 1997 establece tiempos mínimos y la directiva lo que procura es garantizar y orientar el proceso educativo para que los establecimientos que lo ofrecen lo organicen en esos días.

“La directiva en nada contradice lo reglamentado, lo que busca es mejorar la calidad de la educación. Suspender la directiva sería vulnerar el derecho a la educación”, explicó José Evelio Ibarra, vocero de la entidad.

La agremiación de colegios privados alegó que la directiva desconoció la autonomía escolar y normas nacionales (Decreto 3011 de 1997)  y usurpaba la competencia que sobre dicha materia tiene el Ministerio de Educación.

“Cada institución puede organizar de acuerdo con su proyecto educativo institucional (PEI),  la jornada escolar diurna, nocturna, sabatina o dominical, la modalidad semipresencial o abierta y a distancia, pero la directiva cambió las condiciones”.

En concreto, la directiva definió una jornada escolar de educación básica, con un mínimo de dos días por semana de permanencia en el aula de clase para tutorías y por lo tanto, no cambió las condiciones para la prestación del servicio educativo para adultos.

Martha Cecilia Medina, ex secretaria de Educación

El debate

Cuando se trata de la modalidad semipresencial o a distancia,  mínimo la mitad de ellas (220 horas) son de responsabilidad del estudiante por fuera del establecimiento y las otras 220 horas como mínimo,  son presenciales (10 horas en cada una de las 22 semanas) para trabajo académico en el desarrollo de prácticas, asesorías, tutorías, trabajos grupales y elaboración de módulos y guías. Este aspecto fue modificado.

La directiva estableció que a partir del año 2014 la jornada escolar es de 240 horas efectivas mínimas de tutorías o presenciales, durante 40 semanas para cada ciclo, o sea, seis horas por semana sin que ello sea contrario a la disposición invocada como vulnerada por cuanto no desconoció los mínimos en semanas y horas que se fijaron para la labor académica.

“La fijación de esos mínimos no implica que la Secretaría de Educación, dentro de su potestad organizacional del servicio, no puedan ampliar algunas horas en aras de mejorar la calidad del servicio”, anotó el magistrado Jorge Alirio Cortés, quien desmontó la argumentación de la acción de nulidad.

La directiva señaló que la formación para adultos en la educación media es anualizada y está sometida a la flexibilidad. Los calendarios académicos, según la disposición, tendrán la flexibilidad necesaria para adaptarse a las condiciones económicas regionales y a las tradiciones de las instituciones educativas.

La norma nacional establece que la educación básica formal para adultos, debe desarrollarse en cuatro ciclos definidos (primer ciclo con los grados uno a tres; segundo ciclo con los grados 4º y 5º; tercer ciclo con los grados 6º y 7º y, cuarto ciclo con los grados 8º y 9º) y cada ciclo debe tener una duración mínima 40 semanas y 800 horas al año, lo que significa que en cada semana deben tenerse al menos 20 horas de formación.

En conclusión, si la formación básica formal de adultos, se ofrece en modalidad semipresencial o abierta y a distancia, por lo menos la mitad de las horas anuales (400 que corresponden a 10 diarias durante 40 semanas), debe ser de trabajo presencial para “el desarrollo de prácticas, asesorías, tutorías, trabajos grupales y elaboración de módulos y guías”.

Eso no afecta, como lo contemplo la directiva, la intensidad y extensión en la duración de Clei, tampoco la autonomía ni la prestación del servicio.

“La directiva para que la intensidad horaria semanal se distribuya en por lo menos dos días a la semana, responde al objetivo de  organizar el servicio y mejorar la calidad en la educación para adultos”, precisó el magistrado ponente Jorge Alirio Cortés.

“Exigir a una persona adulta que durante un solo día permanezca diez horas para recibir asesorías y desarrollar los trabajos grupales, tutorías, módulos y la ejecución de prácticas, es a todas luces anti académico y contraproducente con su proceso de aprendizaje”, explicó.

“Por eso-agregó- la medida busca garantizar un trato digno y unas condiciones favorables en lo físico e intelectual de la persona que se encuentra en proceso de formación. Esa situación no vulnera sus derechos ni fomenta la deserción escolar”.

Por el contrario, “si el estudiante adulto no se somete a agotadoras y rígidas jornadas académicas, logra un conocimiento de calidad, cosa que no ocurre si se le somete a excesivas jornadas presenciales”.

“Lo que hizo la directiva demandada fue adecuar las regulaciones del Decreto 3011 de 1997 a lo previsto en la Ley General de Educación, sin afectar los mínimos que el decreto estableció para la formación de adultos en la educación básica secundaria, este aspecto no fue analizado al desatar la medida cautelar”, explicaron los magistrados Jorge Alirio Cortés y Ramiro Aponte.

Por esa razón, inicialmente se consideró que resultaba contraria al citado decreto y decretó la suspensión provisional. Al final, se encontró la legalidad de la medida, soportada además,  en una norma de mayor jerarquía y en el conjunto de atribuciones que el legislador  le otorgó a las Secretarías de Educación.

CONSULTE AQUI EL FALLO 

Para mejorar la calidad, la cartera educativa dispuso que la intensidad horaria debe distribuirse en dos días y no en una sola jornada.

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