Jorge Guebely

Mucha calamidad para un pueblo cuando su presidente ha ganado las elecciones con mentiras y con mentiras sigue gobernando. Confunden sus palabras que contradicen los hechos. La paz proclamada no es más que otra guerra. Aterra –como lo afirmaba Nietzsche para todo ser humano-, no que diga mentiras, sino que ya no se le crea. Nada es más urticante que soportar un mentiroso

Aterra ver al gobierno Uribe-duque negarse al diálogo a pesar de ser la única estrategia eficaz en la historia colombiana. Funcionó entre liberales y conservadores, el que terminó en el Frente Nacional. Con el M19 durante el gobierno de Virgilio Barco. Con Santos y las FARC quienes firmaron los acuerdos de La Habana. Diálogos que no han resuelto los problemas de injusticia social, pero han evitado montoneras de asesinatos y promovido algún tipo de esperanzas.

Aterra que Uribe-duque gusten de la guerra en vez de la paz. Prefieren los fusiles y los bombardeos en vez de la vida. Por eso, fustigan la JEP que pretende construir paz. Y nombran una cúpula militar cuestionada por actos delincuenciales. Y buscan camorra con Venezuela. Y preparan la guerra interna fomentando informantes y aumentando el presupuesto militar. “Una nación que gasta más dineros en asuntos militares que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual”, afirmaba Martin Luther King.

Aterra porque la guerra los convierte en banda oficial del terrorismo nacional. Los hace culpables de todas las horrendas locuras del ELN. Culpables de las muertes violentas en la Escuela Nacional de Policía, y de la reactivación bélica en diferentes regiones del país, y de los bombazos a los oleoductos petroleros. Culpables porque la paz es un derecho constitucional que obliga al poder mayor del Estado y el diálogo ha sido siempre el único antídoto de la guerra.

Aterra porque recuerda la anécdota del joven Hitler cuando era soldado del ejército alemán. El día en quedó completamente alucinado frente a una mortecina en plena descomposición. Los psiquiatras diagnosticaron un transporte ocasionado por la pulsión de muerte salvaje, el kereísmo. Muertes para promover terror, sumisión y ganar elecciones. Para anular la paz, fundamento de la libertad, el gran enemigo de las dictaduras.

Pero aterra más que ese mismo pueblo, cuyos hijos mueren en combates, que no pertenece a la elite, vote permanentemente por los mismos políticos camorristas. Porque vota sin ninguna esperanza; sólo con la angustia de recibir un hijo asesinado, envuelto en bandera nacional, con un deplorable título de papel: “héroe muerto por la patria”. ¡Pomposa estupidez!

jguebelyo@gmail.com

 

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