Rodrigo Villalba Mosquera

Analizando en su complejidad las bases, el articulado y el plan plurianual de inversiones de la Ley del Plan de Desarrollo presentada por el Gobierno al Congreso -la que estamos tramitando en las comisiones económicas- queda absolutamente claro que no tienen cabida, ni el desmonte de los subsidios, ni las afectaciones laborales o pensionales, ni mucho menos las tributarias. Y si a esto le sumamos el nuevo esquema de relacionamiento político propuesto por el presidente Duque, estoy seguro de que el Congreso no entregará un ‘cheque en blanco’ en lo que tiene que ver con las facultades extraordinarias solicitadas para restructurar la administración pública, donde el ejecutivo aspira crear, suprimir o fusionar entidades.
Así las cosas, la respuesta ‘a flor de labio’ del Congreso será NO. Lo que debe hacer el gobierno es presentar al Congreso un proyecto de ley específico, para que éste sea tramitado por el Legislativo. Al respecto el gobierno aduce que estas facultades extraordinarias han sido concedidas para los mismos fines en planes de desarrollo de gobiernos anteriores.
Y efectivamente así ha sido, sin embargo, las circunstancias de hoy son muy distintas debido a que se instauró un nuevo esquema de relacionamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo (algo que definitivamente le conviene al país y a la democracia) donde se plantea un Congreso autónomo, muy independiente del Ejecutivo, que legisle en sus funciones propias y sin ningún tipo de contraprestación gubernamental.
En ese sentido tiene razón el presidente Duque en apoyar esa premisa de independencia de las Ramas del Poder Público, como también tiene razón el Legislativo al decir que no va a delegar sus competencias.
Y no es por visos de inconstitucionalidad que se negarán las facultades extraordinarias que están solicitando, sino por cuestiones de conveniencia en el análisis del rol político del actual Congreso, donde aceptando el esquema Duque de un relacionamiento más independiente, pues es difícil que esta Rama del Poder Público delegue funciones de su propio resorte.
Al comienzo como que nadie entiende el papel de cada quien, pero con el correr de los meses todos tendrán que entender que el Ejecutivo gobierna con quien quiera, y el Congreso comprender plenamente cuáles son sus funciones y su poder.
Lo que veo con mucha satisfacción es que con este esquema ganan los valores democráticos, forjando un Congreso que, si bien puede estar perdiendo influencia burocrática, está ganando poder legislativo y político. Como dice el viejo adagio popular: ‘Cada loro en su estaca’, jugando su propio rol y ejerciendo plenamente sus competencias, manteniendo una colaboración armónica entre las Ramas del Poder Público, sin despojarse de sus responsabilidades constitucionales.
Hoy les reitero que la Ley del Plan será tramitada y mejorada, como se hizo con la Ley de Financiamiento.

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