Froilán Casas Ortiz

“Rasgarse las vestiduras” era un signo, dentro de la cultura hebrea que, significaba, escándalo y rechazo absoluto a la mala conducta de una persona. No cabe duda que la pedofilia es algo absolutamente condenable y quien la cometa, debe ser castigado sin dilación. Los niños deben ser tratados con guante blanco y con un respeto total. Este execrable delito se ha cometido, infortunadamente a lo largo de los siglos, en todas las geografías y en todas las culturas. Obviamente, esto nunca justifica el crimen actual. Sin embargo, quiero amigo lector, presentarle algunas consideraciones. Según las estadísticas, que se pueden encontrar especialmente en el ICBF y Juzgados de Familia, el 63% de los casos de pedofilia, se dan en el entorno familiar: padrastros, padres, hermanos, primos, etc. El 15% se da en el círculo social de barrio, de sector, etc. El 15% en el ambiente escolar; el 07% se da en el ambiente laboral y cultural. En los círculos religiosos se da, ¡qué vergüenza!, en una cifra que no alcanza un dígito. Entonces, ¿por qué solo es noticia cuando la comete un eclesiástico? Vean el sesgo y la pasión con que se juzgan los hechos. Es noticia y de primera página, cuando comete ese abominable crimen un cardenal, un obispo, un sacerdote. ¡Cómo disfrutan quienes nos odian de esas vergonzantes caídas! Como van las cosas, a todos nos meten en el mismo costal y, no es raro que se vaya introduciendo en el colectivo cultural el “odio a los curas” y que por el solo hecho de llevar cuello romano, un fanático se haga célebre matando un “cura”, “estorbo de la humanidad” y una muchedumbre lo aplauda. A mí, ya me da miedo, ponerme traje eclesiástico en ciertos círculos culturales. El desprestigio a que nos han llevado esos hechos de algunos clérigos en el mundo ha llegado a ser botín de nuestros seculares enemigos, claro, “hiriendo al pastor” se dispersan las ovejas y, en río revuelto, ganancia de pescadores. ¿Qué autoridad moral tienen quienes tanto nos condenan? ¡Ay, conociendo la vida sexual de las personas! ¡Qué horror, por Dios!, ni hablar. En nuestra hermosa labor pastoral de evangelización encontramos la miseria humana: casos de bisexualidad, -muchos por cierto, e “in crescendo”-, violaciones de niñas por sus propios padres y hermanos, desórdenes sexuales inimaginables, etc. ¡No! ¿Qué hacemos los pastores cristianos católicos? Perdonar y absolver en el nombre del Señor. Somos padres, no jueces, todo queda dentro del secreto de la confesión. En nombre del Señor, condenamos el pecado y perdonamos al pecador arrepentido. ¿Cuándo vemos a un clérigo publicando tantas aberraciones? ¡Pobres de nosotros cuando caemos en las manos de quienes nos detestan! Se rasgan las vestiduras. Pregunto: ¿qué entidad o institución está en guerra frontal contra la pedofilia? A nivel interno de las diócesis, se ha establecido un código de menores y cada eclesiástico al tomar posesión del nuevo cargo, lo debe firmar. En mi diócesis de Neiva, he dictado un decreto, hace ya seis años prohibiendo que vivan en las casas parroquiales menores de 18 años. ¿Qué más podemos hacer?; ¿cámaras secretas?, ¿radares? Por favor, ¡a dónde iremos!

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