Obert Alejandro Ortiz

En el marco del trámite ante el Congreso de la República del nuevo Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022: “Pacto por Colombia, pacto por la equidad”, aparentemente con visión de largo plazo en atención al bicentenario que cumpliremos como república y los objetivos de desarrollo sostenible, construido en las regiones y con la gente para contar con un gobierno moderno y eficiente; al parecer, se enfrenta a su verdadera prueba de fuego frente a los paros en marcha y los que se están fraguando por estos días. Esto no es casualidad. Todas las organizaciones sociales se dieron cuenta que la única forma de incluir sus peticiones para que se cumplan, es que queden plasmadas en esta carta de navegación del gobierno de turno. Lo que no quede plasmado allí, difícilmente tendrá los recursos suficientes para su realización en el cuatrienio. Es decir, pretender por las vías de hecho, disfrazadas con mingas o paros después de haberse aprobado el Plan por parte del Congreso, es más complejo por el tema del Plan Plurianual de inversiones. Según el nuevo Plan propuesto, este cuenta con unas herramientas innovadoras y/o elementos diferenciadores para su cumplimiento: política social moderna, bienes públicos para el sector productivo, mejora regulatoria y formalización, transformación digital, conexión de territorios, gobierno y población y, gestión pública efectiva. Aquí descansa el discurso del presidente con sus tres pilares fundamentales: legalidad, emprendimiento y equidad. Su estructuración responde a unos pactos transversales y regionales en torno a la sostenibilidad, ciencia tecnología e innovación, equidad de las mujeres, minero energético, servicios públicos, transporte, cultura y economía naranja, transformación digital, grupos étnicos, personas con discapacidad, paz, cultura de la legalidad, víctimas y estabilización, regiones, conexión de territorios y, un gobierno eficiente. Estos pactos se articulan con nueve pactos territoriales y su respectiva visión regional (1. Seaflower, 2. Oceános, 3. Eje Cafetero, 4. Pacífico, 5. Caribe, 6. Santanderes, 7. Orinoquía-Llanos, 8. Central y, 9. Amazonía). Sobra decir, que este Plan contiene 20 grandes metas de las 600 que están allí, inicialmente planteadas y con una programación de 1.100 billones de pesos para el cuatrienio. Sin embargo, no todo es color de rosa. Según el centro de pensamiento y diálogo político FARC-CSIVI publicó un documento donde analizan si hay o no metas planteadas en reforma rural integral, participación política, fin del conflicto y reincorporación, solución al problema de las drogas ilícitas, víctimas, implementación, enfoques transversales de género y enfoque, titulado: “La paz ausente. Un Plan Nacional de Desarrollo (2018-2022) sin capítulo específico de la implementación del acuerdo de paz”, por un lado. Luego, lo secundan las movilizaciones indígenas. El paro de FECODE no se hizo esperar. Se suman las réplicas de los partidos de oposición. Los cafeteros notificarán la hora cero, etc. Al parecer, ahora sí tendrá que surtirse el diálogo social efectivo y no sólo de consultas de lo que queremos en ese Plan. No la situación no está nada fácil.

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