Por un mal momento pasa la seguridad en el Huila. A los hurtos y el comercio de alucinógenos que ‘azotan’ a varios municipios, se suman ahora hechos graves que inquietan a los huilenses y que deben conducir a que la Policía, el Ejército, la Fiscalía y demás autoridades adopten las medidas necesarias para evitar que la región pierda el rumbo.

El caso de sicariato que le costó la vida a un guardián del Inpec a la entrada de la cárcel de Neiva, el crimen del sub-oficial a cargo de la estación de Policía de Maito, el ataque a bala contra una familia en Suaza, el asalto armado a la casa cural de Tarqui, entre otros, son hechos que, si bien son aislados, impactan profundamente en la tranquilidad de los habitantes del departamento.

En el caso del guardián del Inpec, desde hace 15 años, la ciudad no registraba el asesinato a bala de un funcionario al servicio de la seguridad de la cárcel de Neiva. Con un agravante: la reacción de la Policía Metropolitana el domingo pasado no permitió la captura inmediata de los responsables de semejante hecho de sangre ocurrido a pocos metros de una vía importante. Los asesinos están libres.

No menos grave resulta ser el caso de la familia atacada en el municipio de Suaza. Algunas versiones hablan que al menos, cinco sujetos armados cometieron el asesinato del hombre y su pequeño de 26 meses de edad.

Los alcaldes y sus secretarios de Gobierno no pueden hacerse los de la ‘vista gorda’ cuando sucede un caso de inseguridad. Son ellos los primeros llamados en llamar a cuentas a los organismos responsables de la seguridad ciudadana y facilitar las medidas y elementos que sean necesarios para contrarrestar cualquier alteración.

 

“Los alcaldes y sus secretarios de Gobierno no pueden hacerse los de la ‘vista gorda’ cuando sucede un caso de inseguridad”

 

 

 

 

 

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