Maritza Rocío Lopez

Maritza Rocío López Vargas

El autorretrato fotográfico o Selfie es una tendencia que va en alta en redes sociales Facebook, Twitter, Instagram y otras aplicaciones de mensajería instantánea, se ha convertido en una tendencia;  refleja en la persona un aspecto de autoexploración, identidad, búsqueda de aprobación, interés en presumir, compartir un logro, querer ver cómo se luce,  cómo se siente con determinada ropa o maquillaje o cómo se ve haciendo ciertas poses; en un mundo digital que proporciona una forma de participación, afiliación, reconocimiento, conexión emocional, que permite parecer más elegante, influyente o intelectual; so riesgo de parecer narcisista, ser presa de la frivolidad o superficialidad particularmente en momentos que demandan una postura recia o solidaria; peor aún de participar en actividades de riesgo como fumar y beber alcohol, como imitación a las conductas de sus amigos

El asunto se  complica cuando la selfie se convierte en una forma de alimentar la estima, confianza o seguridad en sí mismo; cuando satisface la propia vanidad, admiración de atributos físicos o intelectuales; cuando se requiere para ser parte de círculos sociales o alcanzar un sueño; cuando genera envidia, soledad o la persona, se siente peor acerca de sí misma; cuando se incrementa la preocupación ante los pocos “likes”, “retuits” o comentarios  recibidos; cuando la belleza y perfección se autoimpone; cuando se vanaglorié de ser parte de  escenarios de muerte o crueldad a la vida, dignidad y derechos humanos; cuando de ella se deriva el estrés, la depresión, paranoia, ansiedad o desórdenes alimentarios, termine colapsando lo intelectual o lo espiritual.

La selfie forma parte del mundo digital, ha cautivado a personalidades de todo tipo ciudadanos de a pie, líderes sociales, religiosos y celebridades mundiales, es un fenómeno que perdurará mucho; de allí la importancia de entender los límites, diferenciar lo público de lo privado, establecer qué fotografía resulta ser aceptable y cuál no, determinar el umbral de lo apropiado e inapropiado, los riesgos de compartir imágenes con influencia hacia lo sexual o erótico, evitar que la mujer sea valorada como mercancía u objeto sexual, que sea víctima del sexting o cyberbullying o que se facilite el uso irrespetuoso, manipulador y posesivo de la persona.

No haría daño a la sociedad hacer uso más racional de la red, utilizarla para fines constructivos, preservar los piropos, el galanteo y la conversación para el mundo real, ofrecer sin filtros una versión más auténtica a los demás, medir más autoindulgencia, adoptar hábitos de altruismo, aprender a vivir un mundo más real y emocionante, fuera de la pantalla.

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