Oscar Alvis Pinzón

La reconciliación es un proceso en el que debemos participar todos; por eso interactúan dos fuerzas, una individual y otra colectiva. Para consolidar estos procesos de reconciliación que se vienen presentando, debemos abandonar  las posturas de indiferencia frente a una realidad que incumbe a todos. No bastan los abrazos. Ni pedir u otorgar perdón. Ni renegar o arrepentirse. Ni hacer justicia o dar amnistías. “En la vida, cuando te toca, ni aunque te quites, y cuando no te toca, ni aunque te pongas”. Este aforismo anónimo nos recuerda la ley de correspondencia: cada ser vive lo que le corresponde en su aprendizaje, sea que lo llame bueno o malo.  En realidad las cosas no son buenas ni malas, simplemente son y nosotros le ponemos el sello. Con tu conducta siembras y recoges, te corresponde disfrutar o tener dificultades. Nada llega por casualidad, todo llega por causalidad.

Tenemos que dejar ese ingrato rol de víctimas y elegir la comprensión, el perdón y el olvido; para ver al agresor como alguien que sin querer, nos enseña algo. Colombia necesita un perdón radical o, de lo contrario, la reparación de víctimas será solo un hecho jurídico y económico, que deja muchas heridas abiertas y una carga letal de odios, rabias y seres aferrados al ingrato rol de víctimas por siempre. La reconciliación es un propósito que requiere un cambio político. Una transición del estado de cosas que hicieron posible el conflicto, a otra diferente que desactive la injusticia, el agravio y la corrupción.

La posibilidad de que el Presidente Duque podría objetar la ley estatutaria de la JEP por inconveniente, puede desembocar en un choque de trenes. La Corte Constitucional, ya revisó la constitucionalidad de esa ley y un reto del Ejecutivo será considerado un enfrentamiento. Como varios proyectos trascendentales del gobierno están en manos de la Corte, ésta podría responder y hundirlas. Entre las iniciativas están la reforma tributaria, que tienen múltiples demandas y la fumigación aérea con glifosato, que la Corte está a punto de aprobar. Todos esos son los pros y contras que el Presidente debe  sopesar a la hora de decidir si firma o no la columna vertebral de la Justicia Especial para la paz. Para que haya reconciliación hay que superar el miedo a la democracia y convertir el pluralismo en una realidad. De lo contrario  la reconciliación seguirá siendo una asignatura pendiente.

 

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