Wilmer Solórzano, la reconocida ‘Kassandra, fue salvajemente asesinada el domingo anterior en la comuna 6, sur de Neiva.

La generosidad y el servicio a los demás que caracterizaba a Handerson Wilmer Solórzano Romero, más conocida como Kassandra, habría sido aprovechado por mentes malvadas para robarla y asesinarla. La estilista de 49 años de edad, fue hallada sin vida en la mañana del domingo 7 de abril en la casa que hacía algunos meses había comprado. Además de provocarle la muerte  por asfixia mecánica, sus homicidas la ataron de pies y manos, la golpearon en la cabeza con un ladrillo y le derramaron pintura en el rostro.

Kassandra era la segunda de cinco hermanos. Aprendió de manera empírica todo lo de peluquería en Cali, ciudad a donde emigró a sus 19 años en búsqueda de oportunidades laborales, tras terminar su bachillerato en el Inem y prestar servicio militar en Neiva. Una época dura que debió afrontar por su condición, la cual no era aceptada ni por su propio padre.

Diez años después regresó a la capital huilense con ánimos de continuar trabajando para cumplir su proyecto de comprar casa y colocar su propia peluquería. Con años de esfuerzo logró cumplirlo. Se hizo a un lote en Timanco IV etapa y allí construyó una casa de dos pisos, en el de abajo puso su salón de belleza y en el de arriba dispuso dos apartamentos independientes.

A inicios de noviembre del 2018, Kassandra compró también una mejora ubicada a pocas cuadras de su casa, en la Carrera 20 sur con 9A en el barrio Emayá bajo. Pero solo hasta marzo del presente año empezó hacerle remodelaciones. Desde entonces, en las noches cerraba su peluquería y se iba a quedar a dormir allá para cuidar algunos materiales y herramientas de construcción.

La estilista fue encontrada muerta en la casa que hacía algunos meses habia comprado y estaba remodelando.

Inquilinos sospechosos

Acongojada, la familia de Kassandra señala a dos jóvenes venezolanos a quienes ella había arrendado uno de los apartamentos, como los responsables de su muerte.

Indican que inicialmente se lo alquiló hace un par de meses a una mujer y a su joven hijo que dijeron ser de ciudadanía venezolana. Y quince días después, llegaron a quedarse ahí también otra pareja de jóvenes, supuestos familiares de los inquilinos.

Doña Magola Romero, madre de la estilista, apunta que uno de estos jóvenes venezolanos se había vuelto muy acomedido con su hijo en las labores de la peluquería, y le ayudaba además con los refrescos de mango viche que Kassandra elaboraba y vendía. En poco tiempo se ganó su amistad y confianza.

Según comenta la señora Romero, diez días antes de la muerte de su hijo, este joven le pidió que le permitiera alojar en una habitación del primer piso a otro primo venezolano que venía de Bogotá, por unas dos semanas mientras se ubicaba en un trabajo y conseguía una pieza donde vivir. Su madre se lo advirtió, -No  me gusta tener tanta gente a la que nadie por acá conoce-. Pero Kassandra solo sabía de ayudar al prójimo, y le aseguró que le iban a pagar como cualquier otro arrendatario.

Kassandra arrendó uno de los apartamentos a ciudadanos venezolanos, sospechosos de su asesinato

¿Dopada?

Para la familia de la estilista, este hombre venía solo con la misión de asesinarla y robarla, luego de que sus “compinches” le hubieran informado cada uno de sus movimientos.

El día sábado antes de su asesinato, Kassandra invitó al venezolano recién llegado a almorzar a la casa de su mamá. Después de comer, el joven se despidió y se fue. La madre, mencionó que antes de que su hijo se acostara a dormir por media hora, le comentó sentirse mareado tras beber un par de sorbos de un vaso de gaseosa que el otro joven venezolano le había ofrecido en la peluquería.

“Me dijo luego que se iba a pagarle a los trabajadores de la obra. A las 5 de la tarde lo llamé y me comentó que seguía mareado, le hice un agua aromática y le llevé. Cuando me devolví él quedo peluqueando”, afirma doña Magola.

Una vecina le aseguró que vieron a Kassandra llegar en la noche a la mejora del Emayá, pero esta vez acompañado de dos jóvenes, cerraron la puerta, apagaron la luz y no volvieron a verlos salir. Y que a la 1 de la mañana escucharon un fuerte golpe que provenía de ahí.

“Lo vieron bajar a la otra casa a las 9:00 de la noche después de cerrar la peluquería. Iba con ese muchacho al que había invitado a almorzar y con otro de esos venezolanos. A mí hijo lo doparon, durante todo ese día le suministraron varias dosis. Tuvo que ser así, porque para una persona de su talla y contextura no era fácil doblegarlo”, menciona la progenitora.

La familia, en medio de su gran dolor, clama justicia para los asesinos. Foto Sergio Reyes

“La robaron”

Doña Magola dice haber sido la primera en encontrar muerta a Kassandra, cuando extrañó que no llegó a desayunar al día siguiente a las 8 de la mañana. Espantada quedó al ver por un lado de la ventana tapada con una teja, los pies de su hijo amarrados.

“Luego de asesinarla, el hombre se le llevó las llaves y se fue abrir el apartamento y le saqueó todo, le desocupó las dos vitrinas panorámicas llenas de productos de belleza, la habitación de mi hermana se la revolcaron y se llevaron la caja fuerte donde tenía unos ahorros. Luego el asesino cerró de nuevo, dejando las llaves adentro. Cuando la Sijín realizó el levantamiento del cadáver, encontraron la billetera del pícaro ahí en el sitio, muy seguramente se le cayó”, narró uno de los hermanos de Kassandra.

Los dos principales sospechosos desaparecieron desde aquella madrugada del domingo. Al revisar la habitación donde Kassandra le permitió hospedarse al último venezolano que llegó, se encontró un par de guantes, botas y un overol manchados de pintura azul, el mismo color que hallaron en el rostro de la peluquera.

Otro caso de asesinato de una estilista LGTBI similar, se registró en septiembre del 2018 en el oriente de Cali. Valeria Sandoval de 48 años fue encontrada muerta por asfixia mecánica. Las autoridades informaron que dos personas de nacionalidad venezolana a las que les daba posada serían los primeros sospechosos del ilícito. A la víctima, según su familia, además le robaron todos los elementos de valor como televisores, equipo de sonido y las herramientas para peluquería y luego desaparecieron.

Kassandra era considerada una persona muy extrovertida, servicial, para quien su familia era lo más importante

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