Marco Fidel Rocha Rodríguez

Los narcotraficantes no paran de acabar con nuestra cultura, nuestra ecología y con todo lo bueno que ha caracterizado a Colombia. No paran, continúan a diario destruyendo a su país y penetrando todos los estratos, todas las generaciones y poco les importa, ni les ha importado la suerte de Colombia.

Lo más reciente de sus fechorías y destrucción irrecuperable, como es su estilo, es la manera despiadada como han destruido nuestros bosques incrustados en la selva colombiana. No basta para ellos ver la destrucción que han hecho de nuestra gran reserva ecológica como es el territorio de la Amazonía colombiana, dejando al descubierto y ante los ojos del mundo, sin poco importarles su actitud despiadada y asesina frente al desalojo de la fauna y las riquezas de nuestras selvas con el adicional impacto de la destrucción de nuestra riqueza hídrica.

La fechoría de estos caballeros de tiempo atrás viene afectando a toda la humanidad por las lesiones causadas por el consumo de la droga, por la destrucción cultural de nuestros valores y hoy destruyendo toda nuestra riqueza natural.

Este tema no solamente está afectando al país sino, al resto del mundo y uno no se explica cómo las grandes potencias con todos sus recursos no atajan la demanda de este maldito producto y si por el contrario se atreven a pedir cuentas diarias del quehacer de nuestras fuerzas del orden.

No debemos entregar más cuentas y jugar el papel de los malos, lo que debemos exigir son los resultados que deben presentar los países consumidores que tienen mucho más fuerza y avance tecnológico que el que puede tener nuestra patria.

No podemos permitir que esta nueva cultura de la producción del opio del pueblo para lo único que sirva es para utilizarla como temas de las series de televisión. Nuestra dignidad es muy superior a la bajeza de utilizarnos como los seres más despreciables que hay sobre la tierra y por ello debemos exigir que nos consideren la población que más aporta a la sanidad del planeta.

Si nos exigen, debemos exigir mucho más y no permitir el chantaje o los regalos sin ninguna compensación real y hacer una causa común para luchar contra los malhechores que se lucran de este mal que tanto nos ha golpeado durante décadas. Es el momento de reflexionar seriamente sobre las grandes inversiones que hemos hecho y los resultados logrados hasta el día de hoy, porque lo único cierto es que los cultivos ilícitos siguen en una carrera ascendente muy preocupante.

marco_f@cesa.edu.co

 

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