Oscar Alvis Pinzón

El 9 de abril de 1948 fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, el más grande líder popular conocido en Colombia.  Su trayectoria, su pensamiento, su acción política, aún su propia muerte, que partió en dos la historia del país, deberían ser conocidos, estudiados y asimilados actualmente por algunos dirigentes que tienen tan distorsionado el concepto de la política, del Estado y del servicio público.  Hijo de librero y maestra, Gaitán fue producto de su propio esfuerzo, disciplina y dedicación.  Nadie le regalo nada.  Llegó a la política no por vía del nepotismo, padrinazgos ni amiguismos, sino impulsado por su propio ímpetu y pasión.  Destacado estudiante de la Universidad Nacional, con sus ahorros se especializó en Italia, cuna entonces del derecho penal, y con estudio, oratoria y conocimiento, se convirtió en el más grande criminalista de América Látina, y también se destacó en el litigio y en la cátedra. En la acción política, hizo parte del Partido Liberal, y fue vocero de las causas populares.  Fue ministro de Trabajo y de Educación, alcalde de Bogotá y posible presidente de Colombia. Su muerte atroz frustró la esperanza de un pueblo, y dio inicio a la violencia.

El 18 de agosto de 1989 es otra fecha que ha quedado guardada en la memoria y grabada para siempre en la historia de Colombia. Y no es para menos. A las 8:45 de esa noche asesinaron a Luis Carlos Galán Sarmiento.  Con su muerte el país no solo perdió a quien, según las encuestas de la época, sería elegido presidente de  la República en las elecciones del año siguiente.  Con su asesinato Colombia se quedó sin uno de los más brillantes y valientes políticos de su generación. Un líder  que por su talante, sus ideas y sus propuestas era la única esperanza de cambio y la luz al final del túnel; para una nación que en esa época, había perdido el rumbo y la ilusión, por cuenta del narcotráfico y la violencia. Galán no era un mesías, era un demócrata.

También nuestro paisano Rodrigo Lara Bonilla siendo ministro de justicia, fue asesinado por el narcotráfico. Gaitán, Galán y Lara, no pretendieron seducir la opinión para usufructuar el poder, sino que buscaban que el pueblo tomara conciencia de las dificultades y amenazas que se cernían sobre la democracia, para enfrentarlas desde el poder.  Lo cierto es que estos liderazgos marcaron en varias generaciones la defensa de los valores democráticos, el valor de la política como poder transformador de la sociedad, pero sobre todo el carácter y valentía para entender que las ideas están por encima de la vida misma.  “A los hombres se les puede eliminar, pero a las ideas no”. Es hora de aprender las lecciones de la historia. Sí a la inclusión y convivencia pacífica.

 

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