El Obispo de Neiva, monseñor Froilán Casas, en la entrevista con el editor general del Grupo Informativo LA NACIÓN, Jesús Antonio Rojas Serrano.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

 

Con el tradicional domingo de ramos, se abre hoy la Semana Santa. El obispo de Neiva, monseñor Froilán Casas, ya tiene listo el mensaje que enviará durante el sermón de las 7 palabras, uno de los actos más concurridos.

 

¿Cuál será su mensaje durante el sermón de las 7 de las palabras de esta Semana Santa?

Yo vivo preocupado del sentido cristiano de la vida. Por ejemplo, no entiendo un cristiano tramposo, un cristiano que no respete las señales de tránsito, no entiendo un cristiano que robe, que le quite al Estado, que no sea un buen ciudadano. El evangelio tiene que traducirse en la vida diaria del soltero, del casado, del trabajo, del deporte. La conducta debe ser la muestra de la vivencia interior. Por eso, me duele que un cristiano viva engañando; que un cristiano cometa injusticias; que un cristiano siendo un funcionario del Estado o empresa privada, robe; que un cristiano cuando es ordenador del gasto haga torcidos. Eso está contradiciendo el evangelio. Que una persona llamada cristiana, en los altos cargos del sector público o privado, amañe los cargos los nombramientos, contradice totalmente el espíritu del evangelio y las predicaciones, en mi caso, apuntarán en la incidencia de la fe en la conducta y en la vida diaria.

 

¿Qué hacer con la corrupción en el país?

Pienso que a veces los ministros de Dios no hemos hablado que robar es un pecado grave y que quien se muere en pecado no se salva. Uno puede hacer todas las trampas del mundo, ser condecorado, tener todo el dinero del mundo, pero si no se salva, de qué le sirve, si al final pierde su vida. Un corrupto no puede dormir tranquilo. Si duerme es porque ha perdido la conciencia del pecado y se acostumbra a la mordida, a cobrar el peaje. El funcionario del Estado se llama servidor público. Yo sé que hay muchos que son servidores y buenos funcionarios, pero hay una corruptela, que resulta como una especie de cáncer que invade, que hace metástasis en todos los estamentos y que hace que robar sea parte de la vida, no hay conciencia moral. Yo insisto en que nosotros los predicadores tenemos que hablar en nombre de Cristo y la iglesia tiene que incidir en la conducta del hombre. A mí me preocupa que países que no son cristianos tienen alta cultura ciudadana. Qué evangelio estamos predicando, será un evangelio alienante, opio del pueblo, adormecedor de la conciencia, un evangelio que se queda en ritos y tal vez unas devociones, pero que no incide en el cambio de conducta.

 

¿Y tanta corrupción es culpa del culto al dinero, de querer tener lujos y gastar a manos llenas?

Pienso que todo eso influye, pero toda la vida el hombre ha tenido la tentación del dinero. El dinero como tal no tiene calificativo moral, la que tiene calificativo moral es la conducta humana. No se trata de ir en contra de la riqueza, hay que aprovechar la riqueza que tenemos para que, realmente, seamos un país productivo, exportador. Lo que no entiendo es como un cristiano en un cargo público que tiene su sueldo, y a la par, ponga peajes por un servicio que debe prestar. Eso se llama robo porque me estoy aprovechando de la necesidad del usuario. No entiendo cómo un funcionario que hace eso después invoca a Dios. Eso es un traidor, una persona que contradice con su conducta lo que dice creer, que hace lo que se le da la gana y lo acomoda a sus esquemas morales mezquinos y caprichosos. Realmente me preocupa que la palabra divina no incida en la conducta diaria. Un país de una altísima mayoría bautizada cristiana católica y otros llamados cristianos de alguna manera que creen a su modo en Cristo, cómo no somos buenos.

 

Monseñor, ¿Le sorprendió el caso de los Ambuila, la familia que se daba lujos a punta de coimas en la DIAN de Buenaventura?

Ya realmente no me sorprende nada. Este es un país tan sucio, tan cochino, que uno a veces conversa con alguien bien presentado y sabe que es corrupto. Uno escucha a alguien en un discurso y habla maravillas, se presentan como estandartes de la honestidad, y sabe que hay torcidos. A veces digo: ¡Dios mío! yo quisiera vivir en una montaña, no escuchar tanta mentira, tanto engaño. En la oración le pido mucho al Señor justicia. Realmente, el malvado le tiene miedo a dos cosas, a la muerte y la enfermedad. El malvado se ufana y se vanagloria de todas las porquerías que hace. Yo más bien siento lástima por esas personas porque eso es efímero, hoy es y mañana no es, se rodean de gente que no los ama, que tiene intereses, de gente que está ahí esperando las boronas que caigan del banquete de esa persona que vive en festines y abundancia.

 

¿Tiene amigos la gente con mucho dinero?

Yo creo que no. Tiene mucha gente que los sigue, pero marcados por la medida del tener. Mientras usted me da 10 pesos estoy con usted, pero mañana le pido 20, pasado mañana 40 y si no me da 40 soy su enemigo. ¡Pobre la gente que pone su confianza en el poder económico! La gente recta y honesta muere en el lecho con una paz en medio de su dolor. Yo como ministro del Señor me acerco, les tomo la mano, les toco la cabeza y mueren en paz. En cambio aquellos que viven doliéndose por lo que dejan, no. Repito esa frase bíblica tan hermosa del santo evangelio: de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final, pierde su alma.

 

¿Será entonces por lo que nos dice un Sermón fuerte?

Yo trato desde que me ordené presbítero de ser fiel al Señor en medio de mis debilidades y fragilidades, pidiéndole a Él que me dé la fortaleza para seguir hablando de Él con autoridad moral. Las predicaciones deben ser fuertes condenando el pecado, nunca el pecador. Al pecador arrepentido hay que acogerlo. Como confesor cuando escucho al pecador arrepentido, doy la solución con amor y oriento. Estoy preocupado por cosas absurdas como la pareja que se separa y entra en conflicto porque no saben quién se queda con el perro. Creo que estamos en una generación que está tocando fondo, todo eso demuestra una transmutación de los valores.

Monseñor Froilán Casas Ortíz es el Obispo de la Diócesis de Neiva.

Frente a la afluencia de fieles a las celebraciones de Semana Santa ¿Era más el número de católicos hace 30 o 40 años?

Yo creo que sí. Hace 30 o 40 años acudía mucha gente. Hoy de 100 cristianos católicos, asistirán 20. Obviamente, esos 20 llenan, entonces, uno cree una falsa expectativa que son muchos. Muchos se van a los balnearios en Semana Santa, yo no entiendo un cristiano que se la pasa en francachelas y descuidando sus compromisos religiosos. No quiero criticar que haya ambiente de esparcimiento sano, pero en nombre de la libertad qué no se hace.

 

A propósito, los dueños de bares y discotecas están pidiendo que los alcaldes no vayan a decretar la ley seca en estos días santos. ¿Qué opina?

Este es un país donde sólo hay derechos, donde los deberes quedaron guardados en el cuarto de san alejo. Ahora, todo son derechos, pero dónde queda el deber que tengo de respetar los derechos de los demás. Tantas condescendencias nos ha llevado a que cada quien haga lo que quiera y no pasa nada. Me parece que este manejo de tanto respeto a la llamada libertad es un irrespeto al derecho de los demás. Hace falta aterrizar las cosas y defender el bien común porque por defender a alguien irrespeto a la mayoría. Este es un país libertino y no se puede decir nada porque cualquiera que dice es dictadura. Japón es un país democrático y hay que ver cómo se respetan los derechos, se pagan los impuestos, hay cultura ciudadana, no sé por qué la gente cree que para poner orden hay que tener dictaduras de izquierda que empiezan a hablar primero de justicia social en el poder se perpetúan y quebrantan todos los derechos de las personas en nombre de la revolución, no sé por qué no podemos ser demócratas. Me parece que hay una descomposición y en eso estamos involucrados todos de alguna manera por nuestra permisividad y complacencia. Y si se dice algo, uno es anticuado y todo aquello que hoy se usa para dominar e imponerse ante los demás.

 

¿Cómo viven los sacerdotes una Semana Santa?

¡Qué bonita pregunta! Hay un grave peligro y es que nosotros los ministros del Señor no vivamos la Semana Santa, se prepara todo menos uno. Padre usted meditó en oración, usted se entregó al santísimo para poder sentir fuerza de lo alto y predicar. Hacemos que los demás celebren y uno no lo hace. Es un pecado grave de nuestra parte y yo he tratado de evitar descuidos que he tenido para que celebremos yo en primer lugar la Semana Santa y esa celebración vivirla con mis hermanos en la parroquia, compartirla con los fieles cristianos.

 

¿Es muy agotadora la organización de una Semana Mayor?

Agotador. Por eso, muchas veces los sacerdotes, durante la semana de pascua, tiene sus tres o cuatro días de descanso. Pero, es un agotamiento hermoso, yo me siento muy feliz en la Semana Santa, confesando, atendiendo, dedicado a atender la gente. Yo esa semana la disfruto. La persona que tiene pasión, hace las cosas con alegría, eso hacemos nosotros. Llegar a la gente, atender con cariño a las comunidades.

 

Monseñor, no puedo dejar pasar la oportunidad sin preguntarle por la salida del padre Jhon Freddy Obando. ¿Qué fue lo que pasó?

Es lamentable que haya tenido que irse porque él nos prestó grandes servicios, un hombre muy dinámico, que llega a la gente. Nos colaboró mucho en el Banco Diocesano de Alimentos, en la Parroquia San Vicente de Paúl, pero hay que tener en cuenta que el padre John Freddy no es de la Diócesis de Neiva, pertenece a la congregación religiosa llamada Misioneros de la Divina Redención, que aquí en nuestra Diócesis nos presta grandes servicios de evangelización. Por ejemplo, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Timanco, allá el padre es de esa congregación. Nosotros somos seres de obediencia. Si a mí me cambian, yo no hago otra cosa que obedecer. Mi vida ha sido de obediencia yo no me opongo porque hice además un compromiso de obediencia, en ese sentido, a veces los fieles no entienden cuando uno traslada a un Padre y también el corazón del Obispo tiene que actuar y saber discernir. El Obispo tiene dos dimensiones, es padre y es madre. Como padre tiene que ser firme, como madre tiene que ser tierno y acogedor. La iglesia es madre y es maestra. Como maestra debe enseñar, y debe enseñar lo que debe enseñar así sea antipopular, pero también la iglesia es madre y como madre acoge a todos sin excepción. En ese sentido, tenemos esos dos papeles y lamentablemente, el padre Jhon Freddy tuvo que irse.

 

¿Qué decirle a los habitantes de Quebraditas que estaban sentidos con la salida del padre Jhon?

Les falta ser mejores cristianos, es decir, el Obispo es pastor y padre, un cristiano obedece a su legítimo pastor. El Obispo es una persona que es sucesor de los apóstoles y debe acogerse con cariño la decisión que él tome. Me parece que es una rebeldía que falte el espíritu del evangelio. Para un cristiano católico, su pastor debe ser acogido con cariño y amor.

 

Monseñor, ¿Supo que en redes sociales se especuló mucho sobre la salida del padre Jhon?

Tanto se habla querido Chucho, quién controla las redes sociales, se habla lo bueno, lo malo y lo feo y cada quien lee los acontecimientos de acuerdo a la situación en la que se encuentra. Cada ladrón juzga por su condición. El Obispo es padre, no Juez, para eso están los jueces que tienen que actuar en su Rama Judicial. En las Fuerzas Armadas pasa algo similar, guardando las proporciones, cambian un comandante y llega otro. Eso somos nosotros, obediencia.

 

¿Cuál es su mensaje para los lectores de LA NACIÓN?

Un saludo para todos. La invitación es que todos vivamos la Semana Santa con espíritu de descanso, de reposo, de oración y con el sentido del mensaje del Señor.

 

 

 

 

 

 

 

FOTO 2:

El Obispo de Neiva, monseñor Froilán Casas, en la entrevista con el editor general del Grupo Informativo LA NACIÓN, Jesús Antonio Rojas Serrano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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