Un talento artístico innato y ancestral demuestra Lina en cada trazo, de sus cuadros y murales parecen brotar a la vida coloridas formas. Hoy la joven huilense busca un lugar en el complicado contexto artístico ‘opita’.

Lina Marcela Morales Caquimbo de 25 años de edad estudió Licenciatura en Educación Artística y Cultural, con énfasis en Educación Artística en la Universidad Surcolombiana. La joven natural de tierras llaneras y acogida por la capital del Huila desde sus seis meses de edad, mostró sus aptitudes para el dibujo y la pintura en su infancia, hoy, después de pasar por un proceso artístico autodidacta, busca espacio en un contexto donde los ‘protagonistas’ continúan siendo hombres.

En diálogo con LA NACIÓN, habló sobre su anhelo por trabajar en el desarrollo del arte, sobre todo en el Huila.

¿En qué momento empieza su relación con el arte?

Una de las experiencias más significativas la viví en mi escuela cuando estudiaba primaria. En clase, una profesora nos puso a hacer un dibujo, todos los estudiantes empezamos a elaborar nuestros diseños, recuerdo que dibujé una virgen y cuando finalicé la profesora quedó muy sorprendida con el resultado, para mí fue satisfactorio sentir la aprobación de ella, de ahí en adelante tuve muchas aprobaciones por mis dibujos durante mi niñez y adolescencia.

La joven huilense busca un lugar en el complicado contexto artístico ‘opita’.

¿Hubo influencia familiar para elegir este camino?

Siempre estuvo presente la influencia familiar porque conviví con mis hermanos, ellos dibujaban y pintaban, eso me motivó a hacerlo. Por otra parte, mi mamá es artesana, también pintó en su época de adolescencia y mi abuela en algún tiempo trabajó la cerámica desde un plano muy natural. Entonces crecer en un entorno donde el arte era esa forma de ver y de transformar espacios y momentos fue determinante para abordar este camino.

¿Siempre tuvo claro que quería estudiar arte?

No. Al inicio fue una cuestión más de hobby. Simplemente ver anime -que fue una de las primeras formas de aprender a dibujar-, a partir de ahí empecé a imitar ciertos rasgos, a aprender a dibujar movimientos, cuerpos, volumen, luz, y a darle más profundidad a lo que venía observando en la animación. Fue un proceso de experimentación de ver el entorno, analizar y esa necesidad innata de plasmar con cualquier elemento que tuviera a mi alcance, al principio con colores y lápices en clase.

En cuarto semestre quería dejar la carrera porque el enfoque que tenía la Licenciatura en Artes no enfatizaba en el área que yo quería especializarme, es decir, no tanto en la danza, el teatro si no más hacia la parte de fotografía y visual, todo lo que abarca el arte plástico.

“Los leves trazos de añoranza a la niñez y el origen de la vida; son los aspectos que más tengo en cuenta a la hora de plasmar mis imágenes”. 

Técnicamente siento que hay un vacío muy grande en la carrera porque no pude vivir de la manera esperada el área que más me interesaba del programa, a mediados de la carrera encontré una familiaridad con la profesora Margarita Vélez, me gustaba mucho la forma en la cual abordaba la pintura, su trazo fresco; me sentí de alguna forma identificada con lo que ella iba realizando en su proceso académico, eso me incentivó a creer más en lo que yo podía elaborar.

¿Qué referentes del arte la motivan?

Actualmente, estoy explorando el trabajo de Remedios Varo y Leonora Carrington. El trabajo de ellas es un surrealismo místico y muy personal, siento que las obras tienen esa parte fresca y trazos delicados que atrapan y crean un mundo con solo mirar, en los elementos hay un concepto, una historia y un estilo, se siente una conexión con la obra inmediatamente.

Nocturno , técnica: acrílico sobre lienzo, medidas:95 cm x 70 cm

¿Cuáles son los temas que le gusta plasmar y qué la influencia?

Comparto la idea de que el mundo y el ser humano están en un proceso constante de evolución, entonces hoy me puedo inspirar en la figura humana, el gesto como la expresión del hombre y pueda que en cinco años esté trabajando escultura y tenga otro concepto, la violencia, guerra, conflicto.

En este momento para mí lo más importante es conocerse a sí mismo, el estado de generar una autoconciencia y de poder a partir de eso gestar un cambio, considero que si hay un proceso personal claro y uno se conoce tiene la clave de la transformación.

¿Cómo ha equilibrado la motivación personal y el aspecto económico?

Sostener esta labor es muy complicado, a pesar de que realice otro tipo de trabajo para sostener mis gastos, el arte me llama, de alguna manera siempre está presente, las personas se interesan mucho porque yo les haga réplicas y tengo la capacidad de ser muy dinámica, realizar cuadros muy complejos y otros más sencillos.

“La obra trasciende a ser una fuente de exploración intima, camina, corre, vuela, sueña, piensa y platica, desfigurando una realidad abolida con el paso de los años para darle una oportunidad al goce de la libertad del alma”.

He pintado sombreros con imágenes alusivas a ferias de Colombia, hasta donde he llegado a vender con mi pareja. Y alguna vez incursioné en el arte musical con una obra especial para la caratula de un álbum musical del artista huilense el Flaco Dussán.

También, gestioné la realización de una obra con la Secretaria de Cultura Departamental y Municipal, pero la respuesta fue que no había presupuesto.

La obra en Villavieja, ¿qué retos le significó, teniendo en cuenta que pasó del cuadro al muralismo?

Técnicamente pintar un mural implica mucho más nivel que un cuadro por el tema de las dimensiones y los detalles. Quería demostrar que sí se puede hacer algo profesional en un espacio abierto, diferente al grafiti. Ese trabajo fue una iniciativa propia sin ánimo de lucro, una experiencia personal y colectiva muy enriquecedora por el componente cultural que guarda la obra.

La elaboración llevó un mes, la obra abordó la historia del pueblo, un ciclo de evolución de tres fases, donde destacamos el agua, los animales, la tierra y la vegetación, así como el rostro de una indígena en representación de la cultura regional, el desierto y el observatorio como punto estratégico para el natal y el turista.

“En Villavieja, las personas sentían que la obra representaba su cultura e historia”.

Fue un trabajo colectivo, cuando yo empezaba a desarrollar las primeras ideas, la gente comenzaba a hacer aportes mencionado animales y vegetación propia, las personas sentían que el trabajo representaba su cultura e historia, se conectaron con la obra.

¿Cómo ha sido incursionar en el arte en un contexto como el opita?

En la historia del arte aproximadamente un 98% son hombres, entonces ese machismo se ha impuesto desde hace mucho tiempo. He sentido más solidaridad de parte de mujeres artistas, siento su aprobación.

¿Cómo se proyecta desde su arte?

Quiero estudiar el enfoque visual (artes plásticas), me falta teorizar más la técnica y buscar ese estilo que me guste a mí, construir líneas de trabajo. Si bien tengo tres cuadros pintados, estoy en busca de una obra personal. Y siempre quiero resaltar mi apellido Caquimbo, no sólo porque es el de mi madre que siempre me ha apoyado, sino porque guarda mis raíces indígenas.

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