Dentro de los fundamentos que definen a cada persona por ser inherentes a la condición humana, se encuentra latente o indiferente el llamado vocacional, definido a su vez por un conjunto de dones, cualidades, gustos, inclinaciones e intereses, y que se da de manera especial cuando es una inspiración procedente de Dios y del fortalecimiento de la espiritualidad.

Es común observar que la permanente búsqueda de la felicidad se encuentra alineada con el objetivo de hacer en la vida lo que a cada persona le gusta, y ciertamente es una dicha muy grande tener por ejemplo la oportunidad de trabajar en lo que uno mejor sepa hacer y más disfrute.

Sin embargo, la armoniosa coincidencia de dichas circunstancias se ha convertido en un lujo, en algo que no está disponible para todos debido a infinidad de factores que pueden conspirar al azar o como resultado de las decisiones propias y las condiciones del entorno con sus debidas consecuencias.

Por fortuna, hay otra manera de buscar la felicidad que tampoco es la más fácil sino que puede depender enteramente de uno mismo y es, atender la obligación moral de encontrar el correcto sentido y significado en la vida.

Puede sonar parecido, encontrar y realizar propósitos en la vida, pero el resultado es diferente entre lograr con trabajo darse un lujo o lograr con esfuerzos y sacrificios la satisfacción del deber cumplido.

Digamos entonces que la verdadera dicha puede darse al lograr un balance entre los dones que cada uno tenemos y la superación de diferentes metas en la vida manteniendo unos propósitos superiores que nos motiven e inspiren.

En mi caso propio, desde la infancia en mi hogar y el colegio pude descubrir mi vocación de servicio y encontrar en la actividad pública y política los mejores espacios edificantes para desempeñar a plenitud este llamado que brota inagotable desde mi conciencia y que encuentra razón de ser en la confianza que la ciudadanía me otorga para representar y liderar la construcción de sus propósitos colectivos.

Les deseo una Semana Santa de devoción, reflexión y gratitud.

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