Germán Palomo García

Se le adelantó el viacrucis al presidente Duque. Por un lado, en dos ocasiones el presidente Trump ha cuestionado los pobres resultados, según él, en la lucha contra los cultivos ilícitos que se han incrementado ostensiblemente. Trump, definitivamente, sigue el pensamiento de los norteamericanos: Estados Unidos no tiene amigos sino intereses. Y tienen razón los críticos de Duque al creer que Trump es un respaldo de fiar. No lo es si lo que espera no le conviene ni a él ni a su país. Coincidencialmente, algunos reconocidos comentaristas económicos han coincidido en que el estado mental de Trump es preocupante. Además, ya arrancó su carrera reeleccionista por lo que tiene que cuidar sus propios objetivos para mantenerse en la Casa Blanca. Simultáneamente, el embajador de Estados Unidos en Colombia, Whitaker, ha sido más agresivo en defensa de las objeciones de Duque a la Ley Estatutaria de la JEP que ya fue derrotada en la Cámara de Representantes y parece que correrá la misma suerte en el Congreso después del fracaso de su presidente Ernesto Macías por lograr que el trámite se iniciara en el Senado. Aún no cuenta con los votos que garanticen su aprobación. A nivel internacional, los países que han acompañado el proceso de paz con las FARC están urgiendo al presidente Duque para que apruebe la Ley reglamentaria pues tiene a la JEP prácticamente paralizada a la espera de su reglamento.

A nivel interno, para completar el viacrucis, los dirigentes de la minga califican de incumplimiento la no realización del encuentro con ellos cuando estuvo en el Cauca y no aceptan las explicaciones sobre la seguridad del mandatario. Según Armando Valbuena, vocero de la minga nacional en entrevista para el diario El Espectador del domingo pasado aseguró que, para los indígenas, “la información sobre un atentado contra el presidente Duque fue una disculpa creada por el fiscal para impedir el encuentro”. Ahora, su propio partido cuestiona a dos de sus ministros (Justicia y Ambiente) por incompetentes y estar con objetivos alejados de los del propio presidente.

No la tiene fácil el presidente Duque que pone a prueba, una vez más, su capacidad de liderazgo, uno de los factores en los que ha mostrado más debilidad. Esta Semana Santa le puede caer muy bien como descanso y reflexión para “recargar pilas” y continuar enfrentando este mar de dificultades.

¡Una feliz Semana Santa a todos mis lectores!

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