José Manuel Acevedo M.

Por estos días varios medios de comunicación han titulado sus portadas o dedicado sus editoriales al asunto de la seguridad en Colombia con una perspectiva más bien negativa. Es verdad que en materia de percepción todos nos sentimos inseguros y que en las ciudades, especialmente en lo relacionado con el hurto a personas ha habido un incremento del 10 por ciento si se compara lo que va de 2019 con los mismos meses de 2018. Dicho esto, no en todo vamos mal. Los homicidios han disminuido un 6 por ciento si se compara 2018 con 2019. Las lesiones personales bajaron un 23 por ciento. El hurto a residencias se redujo en un 21 por ciento, lo mismo que los robos al comercio que cayeron en un significativo 49 por ciento.

Si se mira la cifra del secuestro se encontrará también un fenómeno positivo con disminuciones de hasta el 30 por ciento al igual que los actos terroristas y las acciones subversivas que descienden en más del 40 por ciento comparados los dos periodos mencionados.

Si todo luce mejor, con fundamento en las cifras oficiales, ¿por qué dicen algunos que somos un país tremendamente inseguro? ¿por qué los Estados Unidos nos sigue catalogando junto con México, dentro de los países que requieren alertas para los turistas extranjeros?

La verdad es que estamos perdiendo la batalla en el terreno de las comunicaciones y que, evidentemente, podemos hacer más en otros frentes para mejorar. Aunque las zonas rurales en algunos departamentos como Norte de Santander o el Cauca sigan siendo campos abiertos de batalla, los centros urbanos han mejorado su desempeño sin que nadie lo esté contando. Tanto a la policía como a los alcaldes y al propio ministro de Defensa les vendría bien salir a tener más contacto con la gente, preguntarle sus preocupaciones en la materia pero sobre todo contarles que la guerra contra la delincuencia está lejos de perderse y que se han dado golpes importantes en cuanto tiene que ver con capturas e intervención para prevenir y frustrar el delito.

La otra parte de la cadena que tiene que mejorar, sin duda, es la de la justicia. Si no se producen cambios que permitan legalizaciones de capturas y condenas rápidas cuando, por ejemplo, se allanen a cargos o se encuentre en flagrancia al delincuente, de nada servirán los esfuerzos de la policía. En conclusión, no estamos más inseguros que antes, y eso es bueno, pero todavía podemos mejorar.

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