Piter Bonilla Díaz

Metiéndome en lo que no se, trataré enseguida de hacer una reflexión a manera de verso, mal hecho, por supuesto, haciendo una comparación entre la celebración de los Días Santos de épocas pretéritas, con lo actual.

Recordando mi niñez veo con sumo asombro

la diferencia que hay entre la Semana Santa de antes

con la de este bochorno…

Comenzaba el Domingo de Ramos y terminaba con el de Pascua.

La matraca reemplazaba  las campanas de los templos.

Una grande en la torre y otra chica en la procesión.

La componía una rueda de tablas con bajados de madera

que al girar producen ruido por el encierro del cajón.

En la radio únicamente  se escuchaba música religiosa,

de verdad hacia más triste la milenaria celebración.

Nadie podía jugar, ni los casados el amor ¡y menos fornicar!

Se decía que quienes lo  hicieran no se podían despegar.

El ayuno era total, incluida la abstinencia.

Los más reverentes apenas desayunaban, de acuerdo con su conciencia.

Como cosa curiosa, a pesar de esa costumbre

iniciada la cuaresma los viernes no se comía carne;

era sustituida  por el viudo de pescado, seco o salado.

El diálogo era en voz baja y menos gritar se podía.

Se nos decía que si jugábamos  a la rueda,

que era una llanta y un  corto palo

cometíamos  gran pecado, pues  golpeábamos al Mecías.

Todo el mundo se confesaba  con su respectiva comunión

y el viacrucis no faltaba   con notoria devoción.

Nadie se perdía el sermón de  las 7 palabras,

ni el de la soledad, ni el lavatorio de los pies.

Los jóvenes esperaban  la media noche del sábado pa’volver al son.

El domingo con la resurrección y la Carrera de los Santos

terminaba pa’los cristianos  con mucha contrición.

Qué tal lo que pasa ahora. La Semana Mayor quedó en dos días.

Para  muchos  parranda  santa. Para otros  con fe sentida.

La radio pone música a la lata y la televisión  cine  con violencia, o porno.

Y todavía se preguntan porque el mundo está  en la sin salida.

Entonces, como de recogimiento se trata,

pa’no distraerse en la iglesia viendo pechugonas y culifaldas,

si se quiere vivir a Jesús, lo mejor son películas bíblicas,

que se ven cómodamente con todos los de la casa.

 

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