Luis Enrique Dussán

Luis Enrique Dussán López

 

Corriendo el riesgo de ser reiterativo, he seguido analizando la situación y no puedo dejar de manifestar la creciente preocupación y la urgente necesidad de actuar contundentemente sobre lo que esta pasando con los jóvenes de mi Departamento, pues a pesar de encontrar muchos de ellos en buenos procesos de formación académica, con valores y principios, emprendedores, trabajadores y optimistas; también se ven muchos otros, desde niños, cayendo en el consumo de estupefacientes. Las redes de microtráfico, cada vez más incrustadas en todos los niveles de nuestra sociedad, llegan a los mas jóvenes, y lo que empieza como una diversión que parece sana, termina en muchos casos en una terrible adicción que destruye vidas.

Según estudios nacionales, se inician entre los 10 y 14 años de edad; el 16% de los estudiantes de colegios han probado alguna sustancia como marihuana, cocaína, basuco, éxtasis, heroína, LSD, Popper, dick, pegantes, etc.; y la prevalencia de consumo en el último año es del 11%. Sin embargo, siento que el asunto es aún peor, pues cada vez más, en nuestros recorridos por el departamento, escuchamos a padres de familia, educadores, autoridades y medios de comunicación, hablar de este flagelo como una de las principales preocupaciones.

Se viene actuando con programas como “No te madures viche, jóvenes para la vida”, “Mi municipio, un territorio libre de expendios de droga”, las “Zonas de orientación escolar ZOE”, la creación de la Oficina departamental de juventudes y el “Plan Departamental de Drogas 2016-2019”. Pero a pesar de estos esfuerzos, el problema sigue creciendo.

Tendremos que ocuparnos desde el “Huila Crece”, con gran liderazgo, en la construcción y ejecución colectiva de una política integral departamental de lucha contra la venta y consumo de drogas ilícitas, y el tratamiento en salud de la población afectada; articulando múltiples instituciones que nos comprometamos con acciones efectivas para lograr una verdadera disminución de la oferta, atacando el tráfico, las ollas y a los jíbaros que envenenan a nuestra niñez y juventud; la reducción significativa del consumo, promoviendo la convivencia social, formación integral, proyectos de vida, integración familiar, deporte, emprendimiento, cultura, lúdica, empezando por el hogar, las instituciones educativas, entidades estatales, la religión, los voluntariados, fundaciones y empresas con responsabilidad social; y la resocialización efectiva del mayor número de jóvenes; reafirmando así nuestro compromiso institucional y social, a partir del fortalecimiento de la corresponsabilidad de la familia, la sociedad y el estado.

 

 

 

Comentarios