Juan Alonso Espinosa Herrera, exrector de la institución educativa Ceinar de Neiva.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

 

Estos primeros meses de 2019 no han sido nada buenos para el Huila. En poco tiempo, han salido a la luz pública tres escándalos graves de corrupción. En Baraya, el caso Torrejano ha estado en boca de todos. En el hospital de Aipe, un subgerente habría desviado dineros a cuentas personales y en Neiva, en la institución educativa Ceinar, no aparecen cerca de $300 millones.

En este diálogo con LA NACIÓN, el exrector del Ceinar, Juan Alonso Espinosa Herrera, narra detalles desconocidos que pueden dar pistas de las ‘andanzas’ de quien hasta ahora es la principal sospechosa del presunto desfalco.

 

¿Qué opinión tiene del escándalo de presunta corrupción que sacude por estos días al Ceinar?

Esta situación ya la veía venir. En enero de 2016 tuve la oportunidad de llegar a esta institución y fue allí donde lo que pudo ocurrir hoy pudo darse en ese momento si se hubiese atendido lo que en su momento le solicité a la Administración Municipal. Yo llegué con unos ánimos muy altos y me encuentro con lo que suele estar ocurriendo con mucha frecuencia cuando hay cambio de rectores en las instituciones, no hay quién me entregue la institución oficialmente. Requiero a la Secretaría de Educación para que me hagan una entrega oficial y en vista de que no fue posible, empiezo a caminar la estructura el Ceinar en todo el sentido de la palabra y encuentro ciertas irregularidades, específicamente, en lo que tiene que ver con lo que más de le debe preocupar a uno que maneja recursos del Estado: en el tema presupuestal, en el tema de inventarios, la protección de los bienes y también no dejo de lado una necesidad de conocer cuáles son los procesos académicos que al interior de la institución se vienen desarrollando. Veo allí algunas anomalías, por lo cual inmediatamente solicito una auditoría a la Administración Municipal, un requerimiento que tampoco fue atendido inmediatamente, por lo menos, hasta en el tiempo que yo estuve, que fueron siete meses, de los cuales puedo decir que si estuve tranquilo un mes fue mucho. El detonante mayor es precisamente cuando solicito la auditoría porque veo que hay algunas anomalías.

 

¿Qué le llamó la atención?

Inicialmente, no me hacen la entrega oficial de la institución, por lo tanto, la incertidumbre inicia allí, cómo se encuentra el estado presupuestal de la institución. La señora que venía manejando y que hoy es pagadora de esta institución, Marby Lucía, ella escasamente me decía: jefe tenemos esto en bancos, pero nunca fue posible, que me presentara un informe. Como no hubo quien entregara, desde luego, no tendría yo como decirle a partir de aquí inicio yo. El tema de la caseta escolar: no se consignaba este dinero a la cuenta propia de este ejercicio de la gestión. Y es donde empecé a ver cosas extrañas. Por ello, solicito inmediatamente esa auditoría, pero lamentablemente no fue atendida.

 

¿La auditoría, entonces, nunca llegó?

Nunca llegó y a esto se le suma en esa solicitud de la auditoría, una auditoría en los procesos académicos porque es importante que se conozca que nosotros tenemos en la jornada escolar seis horas diarias, que multiplicadas por cinco días son 30 horas a la semana. En esas treinta horas a la semana que se daban realmente aparecía en papel que se orientaban 40 horas, cosa que no admití. Dije: 40 no cabe en 30. Le dije a un equipo de la Secretaría de Educación que cómo era posible que eso ocurriera. Los maestros que conocían bien esta situación empezaron a utilizar el sofisma de distracción de que Juan Alonso había llegado a acabar con el arte.

 

¿Cómo era la relación suya con la pagadora, Marby Lucía Cachaya?

La verdad lamento expresar y hacerlo público: no fue muy buena, hasta el punto que solicité su traslado. Lo tengo por escrito. Con ella hubo un incidente. Recordemos que en el Ceinar, en el tiempo en el que estuve, hubo un accidente en el que se viene al piso una cubierta de techo. Hubo que trasladar el colegio a la jornada tarde del Santa Librada. Cuando yo llego con un equipo de ingenieros, en ese preciso instante, me llegó un wasap, en donde expresa esta señora pagadora: ‘acaba de llegar el hp’. Pareciera que se hubiese equivocado. Fue una cosa que mostró que no había ese atractivo de tenerme en la institución. Yo quiero advertir que cuando yo llego me dicen que hay $150 millones para hacer una intervención en ese lugar y encuentro que había un proyecto, un diseño, pero esta funcionaria dijo que estaba extraviado y empezó con evasivas. Por eso, volví y solicité la auditoría para que me hicieran una entrega oficial de la institución.

 

¿Qué pasó con la solicitud que usted hizo de traslado de la pagadora del Ceinar?

No fue atendida, lamentablemente. Son los documentos que yo le digo que me motivan a interponer el recurso cuando se toma la decisión de que Juan Alonso debe ser trasladado. Ese recurso salió a mi favor, pero esperaron a que me posesionara en el Claretiano para hacerme entrega de ese fallo. No hubiese aceptado volver al Ceinar por la falta de apoyo. No era un apoyo para mí sino para una verdad que si se hubiera atendido en ese momento, hoy no estaría ocurriendo lo que está pasando.

 

Se está hablando hasta ahora de $258 millones ‘embolatados’, ¿Considera que puede ser mucho mayor el desfalco?

Yo creería que sí. Si se hiciera minuciosamente una revisión en todos los procesos que demanden algún tipo de manejos de dinero, bien sea en efectivo, refiriéndome a los giros que hace la Nación como el municipio, más lo recursos que se adquieren propios de cada institución por concepto de certificados, constancias, que es lo que yo creería que entraría a incrementar esa suma.

 

¿Creería que hay más personas involucradas?

Debo aclarar algo antes. Yo descanso porque veo que ya se verificó en los extractos bancarios que esa plata no salió del 2016. No lo digo para felicidad y decir que ya la habían sacado sino por tranquilidad que de pronto, en esa oscuridad en la que estuve trabajando, hubiera podido haber pasado alguna artimaña. Parece ser que salió hacia el año 2014, pero quiero advertir que cuando sale un dinero de una institución, si hablamos de dos años hacia atrás, ese dinero sale con firma de dos personas, que son las autorizadas en cada banco: el ordenador del gasto que es el rector o la rectora y el auxiliar administrativo de apoyo a la tesorería, que es precisamente el pagador o la pagadora. Para que esos recursos salgan deben ir con esas dos firmas, ni siquiera el contador de la institución.

 

¿Si hay controles efectivos en las instituciones educativas para evitar este tipo de cosas?

El Ministerio de Educación nos ha exigido manejar una cuenta maestra, la cual tiene ese tipo de orientación para que se le haga directamente el pago electrónicamente a través de un proceso que demanda las dos funciones, la función del pagador, que es quien monta al sistema el pago con toda la documentación previamente enviada a los entes que hacen control al respecto, pero en el momento que se hace el pago el funcionario auxiliar administrativo de la pagaduría monta el pago para que el rector vaya con su propio toque. Cada una de las personas tiene su propio sistema electrónico que le da un código cada vez que usted se sienta frente a ese computador que, entre otras cosas, no es el computador de la casa de uno sino un computador de la institución que tiene una dirección IPC específica, es decir, que el rector después de que el pagador ha hecho el proceso  de subir el pago para que vaya y revise, el clic final lo da el rector.

 

Me llama la atención el caos de la auditoría que usted pidió y no llegó. ¿Por qué cree que no llegó?

Entiendo que después llegó la auditoría, pero no sé qué pasó, creería que no se hace con la prevención absoluta que hay que hacerlo. A mí me preocupa que llega el auditor y de 20 contratos que se celebran al año, escoge dos al azar y si esos dos están al día, entonces, no ha pasado nada, pero hay 18 por ver. A los contratos de obra civil, sólo miran que estén en regla los papeles, que estén las firmas, pero que bueno que en esos casos, fueran personas expertas que sepan de números, de obra civil. Nadie verifica. Cuando llego al Ceinar encuentro contratos de asistencia a la parte eléctrica, pero es un desastre la parte eléctrica. Un colegio que no se pintaba hacía mucho tiempo, decía: aquí se pintó 2.000 o 3.000 metros cuadrados pero usted va y hace la cuenta de pronto no llega ni siquiera  a los 1.500 metros cuadrados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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