Carolina Argüello Cruz

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Ivonne Paola Bermúdez Ibagón es una neivana que toda su vida ha estado enamorada del Sanjuanero Huilense y con el sueño de llevar su cultura a todos los rincones del mundo. Con esta idea ha vivido desde muy joven, por lo que decidió representar al barrio Los Cámbulos en el Reinado Popular; luego a Fenalco en el certamen a Señorita Neiva; más adelante a la Colonia Opita radicada en Bogotá en el Reinado Departamental y finalmente, participó para ser la señorita Cundinamarca al reinado Nacional del Bambuco; pero no lo logró.

Sin querer aún despertar, inmersa en su sueño y muy confiada de lo que podía resultar de todos sus deseos; Ivonne se radicó en Australia; lugar a donde llevó un traje típico del Sanjuanero para ella y su parejo que, en este caso sería su esposo, ya que en ese país hacía parte de un grupo de danza africana.

“Yo desde muy pequeña llevo el folclor en las venas. Mi intención de ser reina iba más allá de colocarme una corona en la cabeza y que en cualquier evento al que fuera invitada decir soy la Reina Nacional del Bambuco”, relató Ivonne Paola.

La mujer de 35 años cuenta que su pasión por el baile es ‘del otro mundo’ además que este título de Reina sería para ella una plataforma para proyectar y promocionar el turismo en el departamento del Huila.

“Cuando mi novio aceptó, nos pudimos presentar en los festivales latinos más importantes de Melbourne, Australia y de ahí se desprendieron otras oportunidades”, recordó.

La pareja tenía en sus planes viajar por el mundo, fue así como conocieron 16 países de los cuales en 12 tuvieron la oportunidad de bailar el Sanjuanero Huilense.

“Yo me levantaba a las 3 de la mañana, me maquillaba, me peinaba, ya teníamos elegido el lugar más famoso de cada país y antes de las 6 de la mañana estábamos listos para grabar el baile. Nos demorábamos de dos a tres horas o hasta que quedara perfecto”, narró la huilense.

En China estuvieron a las afueras del estadio Nido de Pájaro; luego en el Palacio de Tokio, en la Ópera House de Sidney; también, en la Torre Eiffel de París, en el Palacio Real de Madrid, en el Coliseo Romano, en Atenas, de igual manera en Tahilandia, Vietnam, Camboya, Taiwan y México.

“El traje fue uno de los factores que más llamó la atención de las personas, se nos acercaban a preguntarnos si nos estábamos casando por la excentricidad de los matrimonios en algunos países, nos aplaudían y cuando terminábamos el baile les contábamos acerca de nuestra cultura”, contó.

“No me quedé con las ganas, yo soy una embajadora”, puntualizó

 

 

 

 

 

 

 

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