Luis Alfredo Ortiz Tovar

La ingratitud, aunque resulta ser de la condición humana, también la gratitud es propia de ella. Parte de ser grato es reconocer los logros de los demás, y si se acompañan de esfuerzos y tesones fruto de la entereza, mejor. No es normal en una región como la nuestra, provincial, alejada en ocasiones de los protagonismos nacionales, que confluya fulgurantemente un número importante de juristas que hoy tienen asiento en las altas cortes dispensando justicia. Si no pertenecemos a los que practican la Opitofagia (término acuñado por el ilustre profesor William Torres en uno de sus célebres libros… con el significado de… dícese del huilense que come huilense, o mejor que destruye huilense), deberíamos sentirnos orgullosos de que hoy Alberto Yepes Barreiro, Eider Patiño, Jesús Bobadilla, y los hermanos Hernando y Raúl Sánchez, hagan parte del Consejo  de Estado, la Corte Suprema de Justicia, y la Jurisdicción Especial para la Paz.

Que no nos quepa duda que  la justicia en un país desigual, violento, corrupto, intolerante, e inseguro, debe jugar un papel de la mayor importancia, y por el momento histórico que el mismo atraviesa, el bastión justicia, es quien está llamado a salvaguardarnos; y si estos órganos cúspide de la administración de justicia, tienen en sus filas a estos servidores judiciales que se hicieron a punta de empuje personal, salidos de los colegios públicos de nuestra región, seguros estamos que con lo demostrado en su vida profesional, y particularmente judicial, se convierten en prenda de probidad, y pulcritud. Muchos de ellos que han descollado en el mundo de las decisiones complejas, son ya probados, otros atinados a encausar sus decisiones en defensa de la Constitución, y el ciudadano.

Enhorabuena, y por fortuna el grupo de colegas de la región, el Colegio de Jueces y Fiscales, se apresta a reconocerles el ser parte selecta de la justicia en Colombia, elemento que debe servir para que las generaciones en creación en el campo del derecho comprendan que no se necesita de un connotado colegio, o una rimbombante universidad, para salir adelante para alcanzar los peldaños que han alcanzado. Me temo que ninguno de ellos reclaman reconocimientos, ni medallas, su aceptación también me temo, es en reciprocidad a sus paisanos que sienten orgullo por su quehacer. Que no se lea cosa diferente, para que no vaya y pase lo que injustamente le ocurrió a otro paisano que también haciendo gala de su esfuerzo y talante jurídico, alcanzó también las altas cortes, a propósito de un similar acto, el doctor Ramírez Bastidas. El pecado no está en los que luchan por la justicia, el pecado está en quien o quienes denigran de ella sin argumentos. Así que por todo y lo que está pasando en este preciso instante en Colombia, nada más oportuno que prohijar a quienes en desvelo, y a riesgo de injustos señalamientos, creen que ser juez es ser justo.

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