Alexander Molina Guzmán

La renuncia del Fiscal General de la Nación por el caso Santrich sí fue sorpresiva. Porque tuvo que haber renunciado hace rato por el caso de corrupción de Odebrecht con Corficolombia, compañía del Grupo Sarmiento Angulo de la cual fue asesor y sabiendo de esas coimas decidió callar porque supuestamente “como ciudadano no estaba obligado a denunciar”, y no por la decisión que tomó en primera instancia la Justicia Especial para la Paz de no autorizar la extradición de Jesús Santrich por supuesto narcotráfico después de haberse firmado el acuerdo de paz con las Farc. Lo más sensato que tuvo que haber hecho el Fiscal General fue lo que hizo el procurador Fernando Carrillo, apelar la decisión que tomó la JEP y esperar que en segunda instancia la decisión sea revocada o quede en firme. Incluso, el Presidente la República, aunque mantiene una postura sumisa frente a las presiones indebidas que ejerce Estados Unidos contra las altas cortes, dijo que no compartía la decisión de la JEP y que se sumaba a la acción del Procurador General de interponer el recurso de apelación.

Lo que estaba buscando el Fiscal General era una ruidosa coyuntura para dejar el cargo, ante la imposibilidad de mantenerlo por la implicación que él tiene en el caso de Odebrecht con Corficolombia. Y la dificultad de estar en el cargo sería mayor cuando, al parecer, la Corte Suprema de Justicia decidiría en los próximos días separarlo de las dieciocho líneas de investigación del caso de Odebrecht por esa implicación que él tiene en ese asunto como asesor del Grupo Sarmiento Angulo. Y claro, el Fiscal General no iba a esperar esa decisión de la corte que lo dejaría más deslegitimado en el cargo y lo obligaría a dejarlo de manera vergonzosa, sino que buscaría una coyuntura para salir de la manera más alborotada y que lo dejara supuestamente como un hombre que, como él mismo lo dijo, “con conciencia y devoto del Estado de Derecho”. Pues si este hombre tuviera una “conciencia con devoción por el Estado de Derecho”, tuvo que haber denunciado la corrupción que se tejió entre Odebrecht y Corficolombia y nunca hubiera buscado la dirección de la Fiscalía General de la Nación.

Por el caso de Santrich el Fiscal General no debió haber renunciado, por su evidente implicación en el caso de Odebrecht sí tuvo que haberlo hecho de manera silenciosa pero, como tenía que salir con el rabo entre las piernas, prefirió renunciar de la manera más escandalosa por un hecho que no ameritaba dejar el cargo.

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