Oscar Alvis Pinzón

Se necesita una revolución cultural para frenar el consumo, cuidar la “madre tierra” y enfrentar el cambio climático. Los cambios climáticos no son nuevos en la tierra; son procesos que se dan de manera natural durante el transcurso de miles de años y los ecosistemas se han adaptado a ellos en el pasado. El fenómeno actual, sin embargo, ha ocurrido en un tiempo mucho más corto y no de manera natural. Los gases de efecto invernadero (GEI) han aumentado progresivamente desde 1950 hasta hoy. La quema de combustibles fósiles como el petróleo, el gas natural o el carbón; así como la creciente deforestación, emiten estos gases. Estas emisiones se quedan atrapadas en la atmosfera y generan cambios en los niveles de lluvias, temperatura y en el descongelamiento de los glaciares, proceso que se conoce como cambio climático y que afecta las regiones de diferentes maneras: aumento o escasez de lluvias, que impacta directamente a la población y a sectores como la agricultura,  ganadería y suministro de agua potable.

Para nadie es un secreto que la biodiversidad del planeta está disminuyendo rápidamente y las demandas del ser humano sobre la naturaleza aumentan y son insostenibles. La tala indiscriminada de árboles, la emisión de gases tóxicos, el uso irracional del agua, la extinción de especies animales, etc.; están acabando con la naturaleza  y haciendo más difícil la supervivencia para las futuras generaciones. Sin embargo, hay personas conscientes de la conservación y el cuidado de los recursos naturales. Dedicarse al cuidado del medio ambiente es un estilo de vida que han asumido muchas personas en el mundo, y por eso se les conoce como ambientalistas.  La diversidad de ecosistemas, las características geográficas y socioeconómicas, hacen de Colombia un país vulnerable a los efectos del cambio climático. Para enfrentarlo es necesario trabajar en dos frentes: adaptación a los cambios y mitigación de sus causas.

Hay una relación perversa, entre los países ricos y los países en vías de desarrollo que los surten con sus materias primas (petróleo, carbón, oro, cobre) y cuyas explotaciones ponen en peligro sus recursos naturales. Colombia es un país de bosques, ya que casi el 50% del territorio está cubierto por ellos, pero la deforestación indiscriminada ha generado daños en el clima, desaparición de ecosistemas y extinción de especies animales. Este país del Sagrado Corazón, hace una década era potencia mundial en agua. Teníamos más de 700.000  cuerpos de agua, pero hoy no tenemos ni para lavarnos el cu….ello. Por donde se les mire, las fuertes sequías e inviernos que azotan al mundo, tendrán repercusiones económicas y de vidas humanas, que hay que evitar a toda costa. Tenemos que cuidar la “madre tierra” y enfrentar el cambio climático.

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