Piter Bonilla Díaz

La no extradición de alias Santrich a Estados Unidos, proferida por la JEP, y la orden dada a la Fiscalía General de dejarlo en  inmediata libertad, se presagiaba  ante  sus actuaciones permisivas con los  elementos de la cúpula de las FARC. Desde luego,  con la obvia indignación de la inmensa mayoría de los colombianos. Es, quizás,  el fondo que ha tocado éste, sin duda, nefasto tribunal para defender la impunidad de los genocidas y narcotraficantes de esa organización terrorista.

Por ello la sugerencia de una gran movilización nacional propuesta por el Fiscal dimitente Néstor Humberto Martínez Neira,  merece la total acogida ciudadana. Que no debe ser con una simple expresión pública de masas, sino en las urnas a través del sistema electoral correspondiente. De esa forma se acabaría con este protervo engendro polarizador.

Ante  las reacciones que se han dado sobre el controvertido fallo, causan hilaridad  las recriminaciones de tipo moral hechas por  el exguerrillero del M-19, Gustavo Petro Urrego contra Martínez. Cual burro hablando de orejas, cuando precisamente el video donde se ve a Santrich negociando el sistema de pago para el tráfico de estupefacientes, hace recordar el del Petrofajos. Así mismo nos llegan a la mente los crímenes cometidos por la banda subversiva de la que hizo parte.

De otro lado, contra el renunciado Fiscal, sus detractores pueden decir lo que sea. Y sobre la apelación que hizo el Procurador Fernando Carrillo acerca de la resolución judicial de la JEP, ¿ahora que se dirá?

Circulan  como anillo al dedo por las redes sociales un video de una entrevista hecha por el entonces avezado comunicador  Julio Nieto Bernal,  hace varios lustros al inmolado pensador de centro-derecha Álvaro Gómez Hurtado, sobre el acontecer político-nacional de aquel tiempo, y el texto de una de sus tantas  opiniones cuando dice: “Hemos llegado a una situación escandalosamente paradójica, en la que nuestro sistema judicial parece estar pasando al bando de los criminales.”.

Y a propósito de tan ilustre estadista, los que con perversos argumentos y actitudes mezquinas contribuyeron para que no accediera a la Jefatura del Estado, quizás por aquello también de que no hay muerto malo, ahora lo elogian  y malogran que no haya sido Presidente.

Algo más. Así como el extinto Hugo Chávez es el responsable de la ruina de Venezuela, Juan Manuel Santos es el culpable de la amenaza que se cierne sobre  Colombia.

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