Rodrigo Villalba Mosquera

El caso Santrich es muy complicado desde donde se mire. Un largo proceso de negociación con las Farc que terminó en un acuerdo de paz firmado por el Estado colombiano (palabra comprometida) donde se estableció, entre otras cosas, la implementación de la Justicia Especial para la Paz (JEP), que no es un invento colombiano, sino una iniciativa que se rige por las normas y los tratados internacionales.

Pero la JEP se pronunció sobre el caso Santrich, negando la extradición a los Estados Unidos y ordenando su libertad. Y fue troya.

Si esto hubiera sucedido en otra nación del mundo, seguramente no habría pasado de algunos comentarios en contra y otros a favor, pero infortunadamente esto no es posible en un país como Colombia, polarizado como el que más, una división radical alimentada por los que dicen querer la paz y los que siguen pensado en “hacer trizas” los acuerdos, o de los que siguen viendo en la polarización la mejor oportunidad para sacar provecho político.

Y en esta polarización que definitivamente no le conviene a nadie, menos al gobierno del presidente Duque, ya está inmersa hasta la justicia. Aunque respeto a la persona de Néstor Humberto Martínez, no comparto su decisión de dimitir por no estar de acuerdo con lo fallado por la JEP en el caso Santrich. Es normal que en unas oportunidades las tesis de la Fiscalía no sean acogidas por los jueces.  Y se puede apelar como lo hizo el Procurador.

Lo que hasta ese momento era “escándalo”, se avivó aun más con la demora para ordenar la salida de la cárcel de Santrich y luego con su recaptura, justo en el momento en que estaba saliendo del centro carcelario.

Frente a la nueva orden de arresto, el argumento de la Fiscalía es que hay nuevas pruebas y con esa base pidieron a un juez de garantías que ordenara su detención, algo que muchos no ven con total certeza.

Lo cierto es que deberíamos respetar las decisiones judiciales, pero esto no es posible en un país polarizado, donde unos piden Asamblea Nacional Constituyente, otros Estado de Conmoción Interior, figuras que no son la solución y que por el contrario terminarían polarizando a un más el país.

Colombia necesita -como lo dijo Álvaro Gómez Hurtado- “unirnos en lo fundamental en medio de las diferencias”. Eso es civilización política, eso es tener talante democrático. Debemos, como lo está pidiendo el presidente Duque, crear un gran acuerdo nacional, pero no sobre el caso Santrich, sino sobre muchos temas que el país necesita avanzar con urgencia. No se trata de acabar la JEP, ni de hacer trizas los acuerdos de paz, se trata de pensar en los altos intereses de la patria y trabajar unidos para sacar el país adelante.

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