Froilán Casas Ortiz

La calidad se casa con la persona. La calidad no conoce sexo, la cacareada igualdad de género es un eufemismo revanchista marcado por la pasión visceral. No es mejor ser varón o mujer, lo único cierto es ser persona. La persona no conoce sexo, basta ser humano para reconocer la dignidad del individuo. Pretender “igualar” los sexos a nivel laboral es un sofisma de distracción. Los cargos, las profesiones, los servicios, etc., no pueden ser calificados con medidas de sexualidad humana. Un varón o una mujer puede, “per se”, desempeñarse en un cargo determinado, no es criterio, ser varón o mujer para seleccionar a una persona para ocupar un oficio.  Mirar el pasado para justificar la llamada “igualdad de género” es una visión sesgada y apasionada de la realidad histórica. El que las mujeres en el pasado no hayan tenido las mismas oportunidades de los varones, es un hecho histórico y sociológico que obedece a un proceso de evolución cultural y la cultura evoluciona, -o involuciona, depende-. En el pasado era normal que las mujeres no tuviesen acceso a la universidad, por ejemplo, eso no significa que la mujer no tuviese la capacidad para acceder a la investigación y al conocimiento, el proceso de evolución cultural iba a ese ritmo. No se trata, entonces ahora, desquitarse de ese pasado y exigir, para caer en un nuevo error histórico, discriminar con otro talante a varones y mujeres, proponiendo ridículos porcentajes en el aparato productivo y político del país. Un cargo burocrático no tiene sexo, lo debe ocupar una persona, basta, sea varón o mujer. Se deben comprender los hechos históricos y leerlos en su contexto. La evolución cultural en términos de sexo fue así y eso no significa que se deba maldecir el pasado marcado por una discriminación nefasta, así funcionaba la cultura y eso es suficiente. Además, el ser humano vive en un aprendizaje permanente. Hoy resulta un absurdo clasificar a las personas por razones de sexo. Hoy, como reacción opuesta, se pretende “igualar los sexos”, quitándole a la sexualidad humana sus propias características, dejadas por el Creador a la mujer y al varón. Fisiológica y sicológicamente no somos iguales, por favor. El ser “unisex” no existe en la naturaleza humana. La grandeza en cada uno de los sexos es rica en sí misma y su diferencia enaltece la dignidad de la persona humana. Me apasiona el tema de la calidad, por supuesto, la calidad integral, es decir que abarque a toda la persona en todas sus dimensiones. Una persona no puede ser de calidad en los deportes, por ejemplo y, como esposo ser un asqueroso. Ese deportista, entonces, no es de calidad. La calidad humana se traduce en toda la conducta. Una persona eficiente en el trabajo y a la par deshonesta, no es persona de calidad, no es confiable, no se le deben dar responsabilidades, lesionan el bien común. Con frecuencia se enaltecen las cualidades de una persona en determinados aspectos no mirándose la totalidad del comportamiento conductual. Por favor, admiremos el bien.  Las capacidades humanas deben tener el componente de una conducta ética.

Comentarios