Germán Palomo García

Con la aprobación del Plan de Desarrollo “Un Pacto por Colombia, un Pacto por la Equidad”, la cultura recibe un tratamiento como nunca antes gracias a la consideración de la llamada Economía Naranja como un factor esencial para el desarrollo socioeconómico del país y para cumplir con una meta de crecimiento en 2022, el último año del cuatrienio Duque, de 5.1%, lejos del actual 2.8% que acaba de revelar el DANE y que corresponde al primer trimestre del 2019. Ya en la Ley de financiamiento se dieron las primeras puntadas para lo que sería el incentivo fiscal a la economía creativa: 165% de deducción en el impuesto de renta. Además, el gobierno creó una estrategia liderada por el Ministerio de Cultura denominada “Colombia Naranja” para, según el informe de prensa del min cultura “para fortalecer el desarrollo de las artes, el patrimonio, el crecimiento económico y la promoción del sector cultural del país con fuerte enfoque territorial y poblacional”. En mi opinión, se agrega el componente empresarial a las actividades culturales sin que deje de considerarse la cultura como una expresión popular. A nivel local, como fundamento para sugerir la creación de la apuesta productiva “Economía Creativa” en la Agenda de Productividad y Competitividad del Huila en 2015, se incorporó una permanente gestión de los promotores de cultura y que no pensaran solamente en el certamen Sampedrino sino en la oferta de eventos para todo el año. Esta es la esencia de la economía naranja y por eso el compromiso que le asigna el Plan de Desarrollo de contribuir a la meta de crecimiento al 2022 y su consideración como herramienta de desarrollo económico y social. Además, el enfoque territorial hace que en todas las regiones se promuevan actividades que apunten al desarrollo de la estrategia Colombia Naranja. Hoy el Huila está demostrando que tiene grandes opciones para desarrollarse en este campo: tiene artesanías, gastronomía, música y folclor y cuenta con instituciones como el Sena que lo están formando en la robótica y el desarrollo digital que también hace parte de la economía creativa. Para aprovechar el enfoque de regiones, por fortuna acaban de nombrar a un huilense como viceministro de cultura, José Ignacio Argote López, vinculado ya por muchos años al Ministerio de
Cultura quien puede ser un representante del departamento en Colombia Naranja. Pero, claro, nada podrá hacer si no se presentan los proyectos para la utilización de los recursos previstos para la estrategia mencionada que incluye un pacto por la cultura y la creatividad con dos líneas de trabajo: la línea A, denominada ‘Todos somos cultura: la esencia de un país que se transforma desde los territorios’; y la B., ‘Colombia Naranja: desarrollo del emprendimiento de base artística, creativa y tecnológica para la creación de las nuevas industrias’. El marco está listo. ¿Los proyectos también?

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