Por: José Manuel Acevedo M.

Creo que Duque ha capoteado bien la crisis institucional derivada del caso Santrich. No cedió ante los más extremistas que le pedían una ‘presidentada’ así fuera con fórmulas de exotismo judicial pero tampoco ha dejado de decir lo que cree en relación con este tema: se sintoniza con la indignación de muchos, insiste en que Santrich debe ser extraditado cuando el poder judicial así lo permita y, consciente de lo que ocurriría el viernes en las horas de la tarde, aguardó con prudencia a que en su autonomía la Fiscalía y los jueces procedieran ante las nuevas evidencias para asegurarse de que el narco-exguerrillero permaneciera bajo buen recaudo.

Lo que viene es lo duro. El Presidente tiene que aprovechar la oportunidad de concitar la voluntad de las mayorías alrededor de un acuerdo nacional más allá de Santrich. El acuerdo no surgiría en un momento cualquiera o en una coyuntura fría. Esta crisis ha puesto presión a colectividades como el liberalismo o Cambio Radical que no pueden seguir defraudando a sus electores oponiéndose porque sí al gobierno actual. Este momento de
movilización de opinión ciudadana debería ser aprovechado con tacto e inteligencia por el gobierno para pedirles a los dos partidos que renuncien a los pretensiones clientelistas y se sienten a ayudar de verdad al país que así se los está demandando.

Duque tiene además el enorme reto de generar estos consensos en medio de una jornada electoral que cada vez se acerca más y que permea inevitablemente las discusiones que se supone deberían ser de mediando y largo plazo. ¿Logrará el presidente que los partidos le den la victoria de rodearlo en propósitos nacionales urgentes? La clave puede estar en que el propio Duque se ha mantenido al margen de la contienda de Octubre y aunque su partido, el Centro Democrático, le ha pedido que se meta para ganar algunas alcaldías y gobernaciones, él está decididamente por fuera de este proceso.

El presidente tendrá que mantener la serenidad y cuando el momento llegue plantarse en verdaderas líneas rojas con determinación pero sin salirse de los cauces constitucionales como hasta ahora ha hecho. Aunque muchos quieran hacer ver su talante conciliador como una señal de debilidad, el primer mandatario debe ser lo que es y no renunciar a ello para fungir como el verdadero catalizador del acuerdo nacional que se necesita sobre este tema de la paz, para pasar la página y seguir avanzando en otras agendas que están pendientes.

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