Jorge Villamil compuso Espumas en 1962, pasillo con el que su nombre saltó a la fama nacional. Según cuentan, la escribió con lápiz de cejas en un papel deshecho, en medio de un paseo de olla vieja y toalla deshilachada al rio Magdalena, en el sitio conocido como el remolino de Bateas.

Espumas

(pasillo)

Amores que se fueron

amores peregrinos

amores que se fueron

dejando en tu alma negros torbellinos

Igual que a las espumas

que lleva el ancho río

se van tus ilusiones

siendo destrozadas por el remolino

Espumas que se van

bellas rosas viajeras

se alejan en danzantes y pequeños copos

ornando el paisaje

Ya nunca volverán

las espumas viajeras

como las ilusiones

que te depararon dichas pasajeras

Espejos tembladores

de aguas fugitivas

van retratando amores

y bellos recuerdos que dejan la vida

se trenzan en coronas

de blancos azahares

o en rosadas diademas

cuando llevan flores

de la siempreviva

Espumas que se van

bellas rosas viajeras

Se alejan en danzantes y pequeños copos

ornando el paisaje

Ya nunca volverán

las espumas viajeras

como las ilusiones

que te depararon dichas pasajeras.

Oropel

No vuelvas a decir jamás

que has triunfado en la vida

con cosas de fortuna

o en cosas del amor

Porque si apuestas una vez

y pierdes la partida

hoy juega la ruleta

y en sus vueltas locas

ganas oropel.

Si apuestas al amor

cuántas traiciones,

cuántas tristezas,

cuántos desengaños.

Que quedan cuando el amor se aleja

como en las noches negras

sin lunas y sin estrellas.

Amigo cuánto tienes

cuánto vales

principio de la actual filosofía.

Amigo no arriesgues la partida

tomemos este trago

brindemos por la vida

brindemos por la vida

pues todo es oropel.

 

Villamil compuso El Barcino estando en México, país donde estuvo radicado por algunos años. Recuerda a un toro de la familia Villamil y en el que el guerrillero “Tirofijo” es mencionado.

El Barcino

(Bambuco)

Esta es la historia de aquel novillo,

que había nacido allá en la sierra,

de bella estampa, mirada fiera,

tenía los cuernos, punta de lanza.

Cuando en los tiempos de la violencia,

se lo llevaron los guerrilleros,

con “tirofijo”, cruzó senderos,

llegando al Pato y al Guayabero.

Arre! torito bravo que tienes alma de acero,

que llevas en la mirada, fulgor de torito fiero,

y llevas en el hocico, el aroma del poleo.

Más pasó el tiempo, y allá olvidado,

contra la muerte lucha el barcino,

lleva en el morro, las cicatrices,

de fieras garras del canaguaro.

Lo descubrieron los caporales,

y arriado al ruedo para un san Pedro,

la gente grita viva el barcino,

mientras sonaban los sanjuaneros.

Arre! torito bravo que tienes alma de acero,

que llevas en la mirada, fulgor de torito fiero,

y llevas en el hocico, el aroma del poleo.

Suenan trompetas, se oyen clarines,

retumba el eco de las tamboras,

brama el barcino, rueda en la arena,

y en ella brotan las amapolas.

Arre! torito bravo que tienes alma de acero…

Los Guaduales

Lloran, lloran los guaduales

porque también tienen alma

y los he visto llorando, los he visto llorando

cuando en las tardes los estremece el viento en los valles.

Lloran, lloran los guaduales

porque también tienen alma

y los he visto llorando, los he visto llorando

cuando en las tardes los estremece el viento en los valles.

también los he visto alegres entrelazados mirarse al rio

danzan alegres el canto que dan las mirlas y las cigarras

envueltos en polvaredas que se levantan en los caminos, caminos que azota el viento al paso alegre del campesino

y todos vamos llorando o cantando por la vida

somos como los guaduales a la vera del camino.

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