Rodrigo Villalba Mosquera

No es usual un enfrentamiento entre autoridades encargadas de los temas económicos (Ministro de Hacienda y Gerente del Banco de la República). Sucedió recientemente en desarrollo de la Convención Bancaria adelantada en Cartagena -a la que tuve el honor de asistir- algo que sorprendió al país (quedaron en duda las cifras del Gobierno) pero además porque se ratificó la consolidación e independencia de importantes instituciones como el Banco de la República.
El gerente del Emisor, Juan José Echavarría, manifestó su preocupación por lo que llamó el “estancamiento de la economía” y entregó algunas cifras. Reveló que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del trimestre fue de 2,8%, cuando se esperaban cifras por encima del 3%, y fue Troya.
Todos los ministros salieron en defensa del Gobierno y sus políticas económicas, incluso algunos congresistas del partido de Gobierno arremetieron fuertemente contra el Gerente del Banco de la República, tildándolo de afín al anterior mandatario y poniendo en duda sus apreciaciones.
El más enérgico fue el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, quien no sólo refutó la cifra, sino que se declaró “sorprendido” con las declaraciones, pidiendo al Emisor “no romper con la costumbre de limitarse a hablar de política monetaria en público”.
Pero Echavarría siguió atizando la polémica y dijo algo que muchos colombianos compartimos: “La economía del país se está afectando por la polarización política que vivimos”. Esto también lo había afirmado Bruce Mac Master, presidente de la ANDI.
No hay duda de que la polarización en que se encuentra la sociedad colombiana no es buena. Le hace daño a la economía, al ambiente de unidad que debe haber para desarrollar la agenda de país y le hace mucho daño al gobierno y al Presidente Duque.
Este ‘rife y rafe’ entre autoridades económicas no es usual. A pesar de la independencia del Banco de la República, siempre los gerentes han trabajado armónicamente con el Ejecutivo para cumplir sus funciones de autoridad monetaria y cambiaria, pero no habíamos visto un enfrentamiento en público como está sucediendo. Sin que alimente los puntos de vista diferentes, lo prefiero al unanimismo.
Como vimos las semanas anteriores y lo estamos viendo hoy, la institucionalidad y el Estado Social de Derecho existen y funcionan en Colombia. Los resortes institucionales y los pesos y contrapesos son activos importantes de la Constitución del 91 que están funcionando.
Vimos recientemente la autonomía y la independencia de la Rama de Poder Judicial y el rol apropiado de cada una de sus Cortes e instancias. También vemos al legislativo más independiente. Esto no puede molestar a nadie y menos al gobierno del Presidente Duque, quien ha planteado que prefiere un Congreso más autónomo y menos dependiente a cambio de dádivas.
Colombia necesita despolarizarse, requiere de un ambiente conciliador en donde se visibilice una nueva agenda de país y las instituciones y el Estado Social de Derecho se consoliden.

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