Froilán Casas Ortiz

En la familia, en la escuela y en general en los diferentes ambientes: laboral, lúdico, político, social, etc., se nos ha deformado en una moral que está soportada en argumentos de autoridad: lo dijo el jefe, el rector, mi papá o mamá, la autoridad civil, política, empresarial, etc., la persona argumenta su conducta en la autoridad reinante. Esta ética la podemos llamar ética heterónoma, es decir, está fundamentada en argumentos externos, especialmente en la autoridad. Si está el jefe, el policía, el vigilante, entonces yo tengo determinado comportamiento; en el fondo, cumplo y “quedo bien”. Si no hay policía, pues paso el semáforo en rojo, adelanto por la derecha, invado la bahía, etc. Si está el maestro, el rector, el supervisor, etc., entonces cumplo el horario. Si no está la autoridad académica o empresarial, entonces, a llegar tarde y salir temprano; a atender mal al usuario, etc., -para eso me pagan y estoy en carrera administrativa, primero se va el jefe que yo, además estoy sindicalizado-. Con tal esquema de conducta, el delito, la infracción, la pésima atención en la oficina o taller, ¡ni hablar! Esa es la moral de esclavos:  tiene que estar el verdugo con la férula y el látigo para que todo funcione bien. El que necesita las “ÍAS”, para no cometer usura, cohecho, concusión, soborno, peculado, etc., tiene de por sí una conducta inmoral. Para una persona recta su control es una conciencia bien formada, no necesita ningún control externo, el control es su propia conciencia. El mal moral es mal en sí mismo, no porque alguien haya decretado que tal conducta es mala. La ética no se decreta, la ética es un modo de vida que se traduce en la conducta ciudadana. En el Japón, en Corea del Sur, en Nueva Zelanda, en los países nórdicos, hay muy pocos policías, la gente no tiene que vivir “enrejada”, el Estado es garantía de seguridad ciudadana. Aquí usted paga una cascada de impuestos y el Estado no lo protege, comenzando por la ciudad: en cada semáforo usted es atracado, tiene que pagar “peaje”. ¿Cuántos peajes tiene que pagar usted diariamente en la ciudad?, -deje una buena suma de monedas en la guantera, de lo contrario puede ser apuñalado o en el mejor de los casos, su auto puede sufrir la rotura de un vidrio-. ¿Ante quién se queja usted? Quéjese y verá que sale perdiendo: de víctima, aparece ante la entidad judicial, victimario. En este país marcado por el libertinaje, apoyado por una legislación laxa que defiende la Corte Constitucional, el ciudadano cumplidor de las leyes de convivencia vive inerme ante el poder de quienes más tienen fuerza. ¿Dónde está el llamado equilibrio de poderes? ¿Qué podrán hacer los señores alcaldes con un Código de Policía tan débil? Definitivamente la ley del revólver campea por todas partes. Tenemos un código de derechos con cero deberes. Definitivamente este es un país descuadernado, ¿quién lo arregla? Mandrake. ¿Cuándo será que tenemos una moral autónoma, centrada en argumentos de razón? Con ciudadanos de alta ética haremos de Colombia un país próspero, no un país de ladrones. La cleptomanía campea por todas partes.

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