Jorge Luis Salcedo Restrepo

Con la abolición de los dos artículos del código de policía donde se prohíbe el consumo de sustancias sicoactivas, o, drogas adictivas, y, el consumo de licor en espacios públicos y parques por parte de la Corte Constitucional, lo único que logra la misma corte es que el pueblo en general se ponga cada día más en contra de ella y la irrespete más y más; pues se lo merece por legislar contra los derechos de las mayorías privilegiando unos supuestos derechos de las minorías.

La teoría de que un individuo puede irse de pic nic a un parque y tomarse sus  vinos  al lado de su esposa e hijos y  no es un peligro, hay que demostrarla. Según esa teoría, lo que se debe hacer es prevenir los ataques de los alicorados a sus familiares, amigos o  extraños.  Para “prevenir, prevenir” en todo el sentido de la palabra lo que hay que hacer es ponerle un policía a cada consumidor para que no se vuelva potencialmente violento y evitar que mate a la esposa e hijos, o, ataque a otras personas, pero esto es imposible, a no ser que sea subsidiado por los mismos promotores de la abolición y con los sueldos de los magistrados. Cómo ustedes bien saben el consumo de licor tiene varias etapas; una, la de ingreso de los primeros tragos para relajarse, luego desinhibirse, continua con el estado  de alegría y que todos somos “los amigos del alma”, para finalmente entrar en un estado de estupor, frialdad, semi-sueño y por último agresividad, con “lagunas” en la mayoría de alcohólicos que no saben que hicieron durante los mismos.

¿Cómo prevenir entonces los efectos del licor en espacio público y de las drogas?

Es muy difícil, y para sociólogos y sicologos o algunos politólogos y periodistas o columnistas, demostrar que los muertos que se causan por esta patología se pueden prevenir. La naturaleza del ser humano es innata y es difícil de predecir en su conducta. Lo que los médicos tenemos que vivir en clínicas y consultorio es totalmente diferente a las hermosas teorías de la Corte Constitucional que vive encerrada en una burbuja de cristal, rodeada de escoltas y carros blindados; ellos (los jueces) tienen en sus condominios sus propios parques y pueden salir con sus hijos o sus mascotas sin correr ningún peligro. Pero los ciudadanos de a pie que no vivimos en torres de marfil vivimos otra cruda realidad llena de actividades agresivas de todos lados, incluso por parte de los conductores que conducen bajo el efecto del licor,  la marihuana y otras substancias.

El mal ejemplo cunde y daña a nuestros hijos.

Aruz2050@yahoo.com.co

 

 

Comentarios