Germán Palomo García

 

En el intercambio mundial, los aranceles que impone un país a los productos provenientes de otro país tienen un objetivo claro: Proteger al producto nacional de la competencia foránea sin limitar su ingreso, pero ponerlo en condiciones similares a los otros productos del mercado. Al igual que con la ley de oferta y demanda, que se ha distorsionado y ya no es tan cierto que termine señalando los precios de los productos pues el libre mercado recibe fuerzas que le hacen perder su papel que siempre la economía le ha reconocido. Es lo que acaba de ocurrir con la amenaza del presidente Trump de imponer aranceles adicionales del 5% a los productos mexicanos que ingresen a los Estados Unidos si el gobierno de López Obrador no actúa para parar la migración masiva hacia el país del norte. Hay que decir que la migración que hoy observamos en nuestro entorno, pero también en otras partes del mundo, tiene un origen político y es el cambio de modelo económico lo cual se observa claramente en nuestro vecino Venezuela que ha decidido imponer el socialismo del siglo XXI a un alto costo que ha expulsado más de cuatro millones de venezolanos en busca de garantizar un mínimo ingreso la mayoría y otra oportunidad para crecer quienes pueden emprender actividades productivas. Igual pasa en Nicaragua. Guatemala y Honduras han sido tradicionales aportantes de migrantes hacia los Estados Unidos. México apenas está estrenando presidente, pero sus antecedentes han creado incertidumbre que puede provocar una mayor migración a su vecino del norte. Por tanto, la migración no tiene nada que ver con la imposición de aranceles en primera instancia pues si se hubieran aplicado los precios de los productos mexicanos exportados a los Estados Unidos se cerrarían muchos puestos de trabajo que generarían desempleo y, ahí sí, mayor migración. Como se dice, sería más grave el remedio que la enfermedad.

Resulta curioso que el presidente Trump haya incurrido en esta política equivocada siendo un hombre de negocios como lo es. Afortunadamente, en la reunión con la comisión negociadora mexicana dio su brazo a torcer y suspendió “indefinidamente” la aplicación de esta medida solicitando al gobierno de México la adopción de medidas inmediatas que demuestren que quiere desestimular la migración masiva. Fuera de enviar policías a la frontera como lo anunció no podrá hacer nada más a menos que su política económica resulte exitosa en la generación de empleo y mejoramiento de los niveles de vida de los mexicanos. En realidad, pienso que el mensaje es otro: Que vengan las empresas norteamericanas de vuelta a su país para ¡hacer grande América otra vez!

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