En mal estado se encuentra el monumento a la vaquería, ubicado en el parque ‘Ángel María Paredes’ de Yaguará.

Jesús Antonio Rojas Serrano
editorgeneral@lanacion.com.co

Lo que en una época fue para Yaguará emblema de pujanza ganadera y representación de la valentía del vaquero huilense, hoy parece más bien, el símbolo de su decadencia. La escultura de ‘Juan Vaquero’, ubicada en pleno corazón de este municipio bañado por la represa de Betania, se cae a pedazos.

La mole, erigida en el año de 1978 por el maestro Emiro Garzón en medio de disgustos y afugias económicas, viene sufriendo un deterioro progresivo. LA NACIÓN visitó Yaguará y confirmó el abandono de la emblemática efigie.

‘Juan Vaquero’ está sin su mano izquierda, las riendas del caballo se encuentran en lamentable estado, como lo están también algunas partes del toro. Ni el lánguido perro que los acompaña se ha salvado del inexorable paso del tiempo.

Las esculturas que representan a un poeta y a un pescador están
abandonadas.

Toda la estructura del monumento está no sólo descolorida sino invadida por la maleza que crece en medio de la indiferencia de paisanos y visitantes.

La historia
Para quienes no saben, esta ‘joya’ de Yaguará es un auto-retrato del escultor. El mismo autor –famoso por sus obras de mujeres de sensuales caderas—reconoció alguna vez que visitó el pueblo que ‘Juan Vaquero’ es él. “Ese vaquero es el retrato mío. Yo fui vaquero en
la finca de los Trujillo”, dijo, con la sencillez que lo caracteriza. En esa misma oportunidad, el maestro Emiro se aventuró a soltar otros detalles desconocidos: las desavenencias que generó la terminación de la escultura. “Inicié la obra, me fueron dando de 5 y 10 mil pesos.

Se hizo en 120 mil pesos. Muy poquita plata y no alcanzó. Los líderes del pueblo se disgustaron porque les pedí que me ayudaran. Me tocó acudir a amigos, que me daban de mil y dos mil pesos. Con eso terminé la obra. No la podía dejar inconclusa”.

Son ya casi tres años de aquella visita del escultor en una tarde hirviente de agosto y que quedó marcada por la sorpresa que se llevó al ver la modificación que ha sufrido la escultura. “Ese perro no es mío”, exclamó. El maestro se refería al canino que escolta a ‘Juan Vaquero’ y al endiablado bovino y que han servido para alimentar en todo el Huila la leyenda del mayordomo castigado por no respetar un jueves santo.

En Yaguará, todos parecen ser indiferentes al olvido en que cayó la emblemática obra, menos a Andrés Felipe Ortíz, un comunicador social que desde Facebook cultiva la memoria de este pueblo, cuyos habitantes se reúnen, con igual devoción, en torno a la fiesta patronal en honor a Santa Ana –cada 26 de julio—y –un mes después– al Reinado Departamental del Turismo.

Ortíz Ardila es el yaguareño que mejor conoce lo que está pasando con ‘Juan Vaquero’. “Además del deterioro, el monumento ha sufrido un cambio en su identidad. Las rejas con que lo encerraron dañaron su estética”, dice. Cuenta también que para una ocasión, ‘Juan
Vaquero’ sirvió para soportar el cable del sonido de un baile público.

“Les dije que respetaran, que como se les ocurría hacer eso”. No les importó.
La frustración de Ortíz es evidente. “Hay una falta de interés de los yaguareños por su patrimonio”, asegura.

El pescador y el poeta 

A 100 metros del símbolo de la vaquería huilense, se encuentra la plaza de Santa Bárbara. Allí, se erigen otros dos monumentos abandonados a su suerte. Se trata de las representaciones de un pescador y un poeta. El deterioro de ambos salta a la vista.

Las esculturas que representan a un poeta y a un pescador están
abandonadas.

Paradójicamente, en la tierra en donde se puede negociar una libra de mojarra negra en dos mil pesos, la estructura más desaliñada es la del pescador. La figura, sin pedestal, tiene sus manos en deplorable estado y la atarraya está reducida a unos cuantos alambres retorcidos.

El sepulcro
Dentro del templo principal, hay un lúgubre lugar en donde reposan los restos de varios religiosos. Ir allí es hacer un recorrido por los protagonistas de la historia regional.

Monseñor Rómulo Trujillo Polanco –el prelado que como administrador de la Catedral de Neiva debió enfrentar el terremoto de 1967–; Teódulo Monje Camacho; Leopoldo Cabrera; Monseñor Félix María Torres Parra; son algunos de los nombres que se leen. También está
la bóveda con los despojos del sacerdote Fernando Monje Casanova, recordado por haber impulsado la construcción de los templos de Baraya, La Plata, Yaguará y Hobo.

Sorprendentemente, el sepulcro colectivo ha sido convertido en depósito de artículos viejos.

El ferry
Quien llega a Yaguará se encuentra de frente con otra ‘joya’ abandonada: el ferry Momico, otrora ícono del turismo recreativo en el departamento.

El Ferry Momico es testigo mudo del declive de Yaguará.

La embarcación, que incentivó el turismo en el embalse de Betania durante dos décadas, dejó de funcionar en diciembre del año 2015 y desde entonces, se convirtió en un bien improductivo para la Caja de Compensación Familiar del Huila.

Tras múltiples intentos, la entidad lo acaba de vender. Por lo pronto, el pequeño crucero permanece en Yaguará como testigo mudo del declive de una región que en tiempos pasados alcanzó a ser considerada como la ‘tierra de los ricos’.

 

 

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