Jorge Fernando Perdomo

De mi columna anterior sobre la necesidad de que el Huila liderara un proceso de integración zonal a la luz de la ley de regiones consagrada en los artículos 306 y 307 de la constitución nacional, surgió un interesante debate académico.

Algunas voces muy autorizadas, me señalan que nuestro norte, debe ser el norte, es decir integrarnos a la Región Administrativa y de Planificación Central, para hacer equipo con “los de arriba”, Bogotá, Cundinamarca, Boyacá, Meta y Tolima y que mirar hacia el sur para buscar la RAP Surcolombiana entre Huila, Caquetá y putumayo refleja un “complejo miserabilista”.

El argumento que aquellos esgrimen con mayor entusiasmo es nuestro origen histórico, económico y social por haber sido parte del “Tolima Grande” y más atrás del gran departamento de Cundinamarca.

Contrario sensu considero, reafirmándome en mi teoría, que el arribismo* de pretender pertenecer a donde no corresponde, “con los de arriba” * puede terminar produciendo consecuencias indeseables.

Y no se trata de complejo de inferioridad sino de ser realistas, pues cuando se trata de repartir recursos no hay consideraciones de hermandad histórica, cultural o social. Lo observamos en las mejores familias cuando el reparto de una herencia deja heridas entre hermanos. ¿Qué no se puede esperar de regiones con intereses definidos y en la mayoría de las veces excluyentes?. ¿Y cómo se solucionan las diferencias económicas entre partes interesadas?

Pues por el peso específico de cada uno. Entonces revisemos el impacto de cada región en la economía nacional. Bogotá con un aporte de 26.4% al Producto interno Bruto es el primero; Cundinamarca con aporte del 6% es el quinto; Meta con 3,3% es el sexto; Boyacá con el 2.5% es el noveno; Tolima con 2.4% es el once; y para comparar el Huila con solo el 1.7% de aporte al PIB es el 13.

La discusión para la creación de la RAP, debe estar motivada exclusivamente por razones económicas y pragmáticas, en donde nuestro departamento tenga capacidad de liderazgo y mayor posibilidad de canalizar recursos para consolidar la autonomía regional y su desarrollo. Reitero ser cola del león sin capacidad de injerencia en las determinaciones, quedando al final de la borla, nos deja más cerca del suelo o en el peor de los casos arrastrándonos en él, ahí sí en una situación “miserabilista”.

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