Orlando Polanía y María del Carmen Pascuas son auténticos representantes de las tradiciones y costumbres de la tierra opita.

“El bambuco tradicional es aquella herencia que nos dejaron nuestros padres, nuestros abuelos, yo lo bailo como ellos lo bailaban en esos tiempos, sin ningún perendengue y llevando el ritmo en el cuerpo, así sí es admirado”, precisa el folclorista huilense Orlando Polanía.

Él, de 73 años y su esposa María del Carmen Pascuas de 75, bailan desde hace ya 10 años del bambuco tradicional, o bambuco antiguo, como lo llamaban antes y al son del rajaleña. Ambos se conocieron en Remembranza, un proyecto de la Cooperativa Utrahuilca dirigido al adulto mayor. Cuando María del Carmen fue elegida por su grupo como candidata al reinado del bambuco, comenzó a practicar con Orlando, y aunque en el certamen quedó de virreina, para él se convirtió en la reina de su corazón.

En adelante continuaron presentándose como pareja en rondas, encuentros y concursos, donde se llevan siempre la admiración, los aplausos y el cariño del público. “Así no nos paguen, a nosotros nos gusta bailar y lo pasamos bien”, dice la neivana.

Orlando y María del Carmen procuran conservar el traje del bambuco tradicional. Él viste pantalón negro, camisa blanca sin pechera. La cubierta de machete que le cuelga al lado izquierdo amarrada al cinto con una trenza hecha en cabuya, morral de fique terciado igualmente al lado izquierdo, donde guarda el calabazo de totumo para brindarle a la pareja la chicha. El poncho blanco a rayas cuadriculadas, rabo e’ gallo rojo, largo, amarrado con argolla en acero, alpargatas de fique y lona, y sombrero de pinto ‘punta de higuillo’ de cuatro picos.

Ella viste falda ancha sin enaguas o pollerines, blusa de manga tres cuartos y alpargatas. La adornan dos trenzas largas amarradas con lazos en las puntas, y el sombrero o gorra. Así, están listos para danzar al son del bambuco ‘Ojo al toro’. Son tres pasos los que se interpretan, el paso arrastrado, paso Páez y paso e’ pizca.

Se como pareja en rondas, encuentros y concursos, donde se llevan siempre la admiración, los aplausos y el cariño del público.

Fomentando el folclor huilense

Orlando Polanía nació en Neiva, en el  barrio que se llamó Avichente, y a sus cinco años de edad lo llevaron al barrio Ventilador donde vivió por 65 años. Se dedicó por tres décadas a la pintura y latonería de carros para ganarse la vida. A la par, promovió, como aun lo sigue haciendo el folclor huilense.

Comenzó a bailar desde 1960, cuando José Antonio Cuellar ‘Rumichaca’ le enseñó los primeros pasos y los “resabios” que él tenía. Orlando Polanía siguió bailando en grupos de danzas y de manera individual. Recuerda a su primera pareja de baile, su prima María de la Luz Polanía. Orlando asegura, bailó la primera reina popular, Amparo Ortiz Ocampo, representante de Campo Nuñez, por allá en el año 73.

Formó luego su grupo de danzas y participó por mucho tiempo con el bambuco tradicional con Graciela Méndez. El rajaleña ha sido también su gran pasión. Con ambos ha ido a representar al departamento del Huila a muchas partes del país como Bogotá, Acacías (Meta), Medellín, Caquetá, Boyacá, Cartagena.

En el 2005 estuvo con la Montaña Luminosa, por ocho días haciendo presentaciones en el Teatro ‘Jorge Eliercer Gaitán’, también visitó el Teatro Colón con el grupo ‘En mi tierra todo es Ella’.

Este año Orlando y María del Carmen se presentaron en el concurso de bambuco tradicional en el municipio de Palermo y ganaron el primero puesto entre varias parejas. Los dos hacen parte del grupo de música, danzas y aeróbicos del proyecto Caminemos por la Vida, de la Universidad Surcolombiana, al igual que otros 240 adultos mayores.

Orlando también es instructor de música de percusión y son rajaleñero, y enseña a niños de 6 a 12 años en Fundautrahuilca. Enseña además el bambuco, el pasillo y el merengue campesino. Este año bailó a la candidata de Previred al concurso de muestra folclórica del bambuco tradicional, quedando en primer puesto.

Esta pareja, orgullosa de sus costumbres, sabe que todavía tienen mucho por dar a las nuevas generaciones. El hijo y el nieto de 9 años de María del Carmen, es ejemplo de ello, pues han mostrado interés por continuar esta bonita expresión tradicional.

No podía Orlando concluir  su conversación sin antes entonar una de las suyas:

“Las viejas ya no me quieren

porque yo no les doy nada,

no les doy sino ronquidos a medianoche

y pedos a la madrugada”.

Orlando hace cerca de 50 años que fomenta el folclor huilense. Aquí participando del desfile en Neiva, cuando partía desde el aeropuerto

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