Camilo Romero es el gobernador del departamento de Nariño.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

 

“A Nariño la fumigaron con tres millones 700 mil litros de glifosato durante 10 años, y en lugar de disminuir, del 2005 al 2014, hay un aumento de cultivos ilícitos”. Con estas palabras, el gobernador de Nariño, Camilo Romero, insiste en que la fumigación con el glifosato no es la salida al auge de los cultivos de coca en el país. “La sustitución es la salida”, agrega.

Atendiendo una invitación del abogado, Yamil Lima, el mandatario acaba de estar en Neiva participando en una jornada académica en la Universidad Surcolombiana. Tras su paso por la casa de estudios, tuvo tiempo para visitar LA NACIÓN.

 

¿Cómo está hoy Nariño?

Nuestro departamento tiene complejidades inmensas. Fue un departamento que le apostó a la paz y donde no llegó la paz. En la mitad del departamento, se viven las angustias y problemáticas del resto de municipios de Colombia, pero allí está concentrada la conflictividad y puntualmente, porque hay que decirlo con tristeza, fue la criminalidad y la delincuencia quienes entendieron el valor estratégico de Nariño y no el Estado. Hoy, la criminalidad le ofrece a un joven un millón 500 mil pesos al mes por hacer parte de los grupos ilegales y qué le ofrece el Estado. Dónde está la educación superior. Lo que hoy tenemos es una conflictividad social difícil, sin la presencia integral del Estado en el territorio

 

Para nadie es un secreto que uno de los problemas graves de Nariño es el narcotráfico, ¿Qué salidas hay?

Quiero que quede resaltado: todos estamos de acuerdo con acabar los cultivos de uso ilícito. El debate no es que hay unos defensores de la patria y otros promotores del narcotráfico. Todos queremos acabar con el narcotráfico. La pregunta es el cómo acabamos con los cultivos de usos ilícito. Lo primero, erradicación manual, eso nos cuesta la vida de nuestros soldados y policías y de los civiles que mandamos al territorio, y el resultado cuál es, la fuerza pública erradica y tiene que irse y hay resiembra en el 35%. Segundo, la fumigación, que es la que viene defendiendo el Gobierno Nacional y a la que nos hemos opuesto por todo lo que causa.

 

¿Por qué básicamente se opone a la fumigación con glifosato?

Hay un debate científico frente a los posibles daños a la salud, al ambiente y a la vida. Bastaría con la duda para que un Gobierno deba proteger el territorio y sus ciudadanos, pero lo que tenemos es un Gobierno Nacional que quiere empujar hacia ese lado. De otro lado, el Estado ha tenido que aceptar la demanda que interpuso Ecuador cuando fumigaron a Nariño, de tal manera que llegó glifosato a territorio ecuatoriano y fueron a una Corte internacional a una conciliación, en la que Colombia tuvo que pagar una indemnización al vecino país. Además del debate ambiental, de salud y de vida, es que no da resultados. Es que a Nariño la fumigaron con tres millones 700 mil litros durante 10 años, y en lugar de disminuir, del 2005 al 2014, hay un aumento, y ese aumento se da casi en 4 mil hectáreas. Ahora, vámonos al tema de los costos. No es más fácil asumir un compromiso que se hizo como Estado colombiano, no con las Farc, sino con la democracia de nuestro país, de sustituir los cultivos de uso ilícito. Con glifosato, costaría 72 millones de pesos acabar con una hectárea de cultivos de uso ilícito, mientras el acuerdo de paz propone que sean 36 millones para sustitución de cultivos de uso ilícito. No es mejor traerse esas familias a la legalidad.

 

Pero, el presidente Duque está anunciando que prácticamente la fumigación con glifosato es un hecho, ¿Qué están dispuestos a hacer para evitarlo?

Por voluntad de ellos y del Ministro de Defensa ya hubieran fumigado. El Ministro salió con una declaración que demuestra una lógica de poder. Él dice: pero si en mi finca uso glifosato. Es comprender el país como una finca, es creer que no hay comunidades afro e indígenas que tienen poder en su territorio para decidir. Es imponer y decir: actúo con el país como si fuera mi finca. Pero, ahí está el tatequieto de la Corte Constitucional, ahí salió después de que el presidente anunció eso en Londres, salió la presidenta de la Corte Constitucional, a decir, un momento, no se han levantado las restricciones para el uso del glifosato, entonces no es que sea una realidad. Y lo otro, es que tenemos preparado en el momento que eso ocurra, que esperamos eso no se dé, una acción popular en defensa del territorio, en defensa del ambiente, de la biodiversidad de nuestro departamento. Todos queremos acabar con los cultivos ilícitos. El gran debate está en cómo y para nosotros debería ser con sustitución de cultivos de uso ilícito.

 

Por un buen tiempo Nariño estuvo en el radar del país por el tema de alias ‘Guacho’, ¿Cómo están hoy las cosas sin ‘Guacho?

La situación es compleja y le voy a explicar por qué. Todos los esfuerzos del Gobierno anterior estuvieron encaminados a una magnífica planeación de la firma de la paz, pero no de la implementación de la paz, que es distinto, una cosa es lograr la firma y otra implementar la paz en el territorio. Qué ocurrió. Se firma en noviembre de 2016 la paz con las Farc y el año de la implementación debería ser el 2017; se dejó el 2017 a merced de los grupos al margen de la ley, de los que estaban o de los que se crearon. Entonces, por una mala planeación del Gobierno, no de nuestra fuerza pública, no llegó la fuerza pública a ocupar el territorio que dejaron las Farc. Si las Farc firman en noviembre, lo lógico era que nuestra fuerza pública llegara al territorio donde estaban las Farc, no llega; llegó en 2018 en la cifra de 11 mil por parte del presidente Santos, en enero de ese año.Si usted deja el 2017 ese territorio a merced de todos los grupos y en enero de 2018 le manda 11 mil hombres, qué es lo que ocurre en el departamento: la nueva guerra, ya no con las Farc, sino con estos grupos. Y eso ha demostrado en la práctica un incremento de homicidios y desplazamientos. La situación hoy, por supuesto, es difícil, pero que sigue teniendo de fondo el mismo reto, el reto de superar un dilema: democracia e institucionalidad o delincuencia y criminalidad. El Estado colombiano no puede dejarse arrebatar eso. La paz que tanto se promulgó en este país quedó incompleta; no puede seguirse anunciando ante el mundo que aquí se dio la paz en Colombia cuando se les quedó Nariño por fuera, Nariño también es Colombia.

 

¿Y cómo ve al Gobierno de Duque en la implementación del acuerdo de paz?

 

Yo creo que absolutamente ausente. Si usted revisa el Plan de Desarrollo sólo aprobaron 17.500 hectáreas para sustitución, quiere decir, que todo va a estar encaminado a la fumigación, es decir, un claro incumplimiento, insisto no con las Farc. La agenda de hoy es la misma de antes: paz, guerra, muerte de líderes sociales, narcotráfico, una agenda de terror, de miedo, una agenda que no corresponde a las expectativas del pueblo colombiano, pero es la agenda que hoy tenemos y es triste. Veo a un Gobierno Nacional que en ese tema de la agenda de paz está absolutamente ausente. Si usted oye al Presidente parece que fuera otro. Todo lo que hacen en Colombia va en contra vía de lo que anuncian en el exterior y eso es lo que a los colombianos del común nos causa inquietud, hartera, que uno los oye decir una cosa y hacen otra, uno oye al presidente Duque en campaña diciendo: no permitiré el fracking en nuestro país y finalmente qué es lo que ocurre, que está promoviendo el fracking en Colombia. Todo lo que eso causa es desconfianza de la ciudadanía. Creo que es momento de reencausar la confianza que sólo puede estar dada en la demostración. Ojalá se pueda dar una demostración de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

 

No puedo pasar por alto sin preguntarle señor Gobernador, ¿Qué opinión tiene de lo ocurrido en el Congreso, en donde dejaron sepultar la ley anticorrupción?

Vergonzoso. Es una afrenta a la ciudadanía, pero que creo que debe convertirse en un reto para la ciudadanía. No podemos seguir en el ejercicio de la lamentación, de la crítica, de mentar la madre, es momento de algo nuevo y distinto, esto para mí se ha convertido en un reto. Recuerdo cuando empecé mi carrera política y tuve un debate con Enrique Gómez Hurtado y yo le decía: ya le han hecho mucho daño a este país, háganse a un lado, quítense, y el señor me decía: mijito a usted no le han contado que vivimos en una democracia, nosotros no nos vamos a quitar, a nosotros tienen que ganarnos, y ese debe ser el reto que debe asumir la ciudadanía. Pero, lo que ha hecho el Congreso es una burla a 11 millones 700 mil colombianos que votaron por un mandato. Es que usted conversa con ellos y les parece un exabrupto que tengan que rendir cuentas a la ciudadanía, les parece incomprensible. Es básico si estamos en un ejercicio público, cuando yo fui congresista tuve una oficina pública abierta y visible, con cámaras de internet para que todo el mundo viera lo que allí pasaba. Promoví la revocatoria del Congreso, por eso ponía un mensaje en redes sociales diciendo: “Hace siete años estábamos liderando una iniciativa ciudadana que era la revocatoria del Congreso, por qué, por cosas como las que hizo el Congreso de la República”, que van en contravía de un sentimiento de la ciudadanía.

El gobernador de Nariño, Camilo Romero, en la entrevista con el editor general del Grupo Informativo LA NACIÓN, Jesús Antonio Rojas Serrano.

En ese orden de ideas, ¿Para dónde va el país? ¿Qué le espera a los colombianos?

Yo no veo muchas expectativas positivas en estos años. Pero, insisto en que cada paso complejo que vive el país hoy, será un reto para una ciudadanía del mañana. Estoy convencido que hay una nueva ciudadanía, un nuevo momento, una nueva democracia, una nueva ciudadanía que está dispuesta a dar discusiones permanentes, que no está resignada a ir a votar mal cada cuatro años, que ya quiere un ejercicio político distinto y siento que las generaciones han cambiado y cada vez menos las casas tradicionales políticas van a tener el poder de decidir porque cada vez habrá una ciudadanía más libre y no podrán controlar a todo el mundo con el dinero. Creo que allí se abre una expectativa gigante para que tengamos una posibilidad de cambio.

 

Si un huilense quiere ir en plan de turismo a Nariño, ¿Lo puede hacer? ¿Qué le recomendaría? ¿Puede ir con tranquilidad a lugares como el Santuario de Las Lajas?

Por supuesto, yo le hacía claridad de ese Nariño divido en diagonal, cordillera y costa pacífica. Hay un sólo lugar en este país que tiene Andes, Pacífico y Amazonia y ese es Nariño. Usted puede estar en la laguna de La Cocha que es allí mismo y luego atravesar los Andes más altos y llegar a Tumaco. Cuando yo llegué, había una oficina de Turismo, ahora, la tenemos en Dirección de Turismo y ha sido importante y grato poder impulsar el turismo en nuestro departamento. Así es que bienvenidos todos a Pasto, Ipiales, a una maravillosa iglesia que es la de Las Lajas, considerada una de las más bonitas del mundo, eso parece un milagro en medio de un abismo, hoy con teleférico, iluminación nocturna, con una tradición importantísima.

 

Usted ya está de salida, ¿Cuál es su futuro próximo?

Primero, salir vivos, he tenido cuatro amenazas de muerte; todas las minas puestas por el Fiscal que se fue, ese señor me dejó engrampado, no menos de 6 intentos por llevarse al Gobernador del departamento. Y aquí seguimos. Lo que quiero decir es que no es fácil hacer un ejercicio político distinto; es mucho más fácil acoplarse, seguir con lo mismo de siempre. Quienes tomamos una decisión de vida, de cambiar este país, no tenemos más que enfrentar a esos poderes tradicionales que actúande esa manera. La ciudadanía ya se ha dado cuenta. Yo fui el primero que salió en este país a enfrentar al Fiscal. Cuando el Fiscal dice que va a imputar al gobernador de Nariño con delitos, soy el primero que dice: usted es un Fiscal de bolsillo. Luego, el país comprendió que Fiscal teníamos, un Fiscal que renuncia ante la ausencia de legitimidad total. Yo aspiro, como primera meta, salir vivo físicamente y jurídicamente y con todo el empeño de aportarle a este país desde el escenario que nos corresponde, pero siempre con la mirada clara y firme de comprender que estamos en un nuevo momento, en un nuevo tiempo que exige una nueva ciudadanía, que a mi modo de ver va a generar lo siguiente: nuevos gobiernos que finalmente van a consolidar un nuevo poder, y es el poder de la ciudadanía por encima de los intereses particulares y eso creo que es posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios