Dayana Méndez

Vengo teniendo desde hace días, una horrible sensación de congelamiento histórico. Como si el tiempo hubiera pasado para el centro del país, las noticias dicen que es el 2019 y en Colombia diversos han sido los acontecimientos; pero en el Caquetá, muchas cosas siguen como en 1930. Es como si no fuera parte del territorio colombiano y siguiera allí en los inicios del siglo XX; con una vía de acceso precaria, con horarios y días en los cuales se puede transitar por ella arriesgando la vida cada minuto, la gente orando mientras pasa por esos deslizamientos para no correr con la desgracia de ser tapada por un alud de tierra. Sin acceso seguro a servicios de gas, alimentación, al transporte interno, con un servicio de salud muy limitado y un acceso a las tecnologías que tampoco parecen propias de este siglo, en general; con una vida digna absolutamente cuestionable.
La semana pasada un gran deslizamiento de tierra a la altura del km 42, en la carretera Florencia-Suaza, dejó sin vida a los ingenieros Loaiza mientras intentaban habilitar el paso de la vía, que otro alud ocurrido horas antes, había bloqueado. Esto es horrible, triste e indignante. Esa vía se ha quedado con muchas vidas, muchas personas han muerto ahí atrapadas en esas montañas, mucha gente ha perdido ahí su medio de subsistencia (camiones de carga, carros de transportistas, etc.) y un departamento entero vive en una eterna zozobra cada vez que para salir o entrar en él deben pasar por ella. No tenemos otra manera, es nuestra vía de acceso al resto del país.
¿Hasta cuándo vamos a resistir vivir en la precariedad y el olvido al que los gobiernos de todos los tiempos nos han venido relegando? ¿Acaso sólo existimos para las mineras con las que negocian nuestros ríos y nuestras tierras? Hagámosles saber que el Caquetá existe, que existimos para algo más que ser explotados/as, violentados/as y ninguneados/as
Somos un departamento que ha sufrido décadas de violencia incesante, por un conflicto armado que ha vivido directamente; pero también somos un departamento con muchos recursos y talentos, que, si se trabajan de manera planificada y con las garantías y el respeto a su población, puede ser muy interesante para Colombia.
En las próximas elecciones pensemos en el bienestar general, en personas que sean capaces de representar y trabajar por las necesidades de la región. Recordemos a aquellas primeras personas que llegaron, campesinos y campesinas, que como lo cuenta Graciela Uribe Ramón “veníamos con una manotada de ambiciones”. Que los esfuerzos de los abuelos y las abuelas que llegaron a esta tierra prometida no hayan sido en vano, demostremos que sí tenemos razones para decir “Caquetá muy digna para amar”

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