Sergio Felipe Salamanca Borrero

Sergio Felipe Salamanca Borrero

Los procesos de contratación están tan arraigados en nuestras vidas que a lo largo del día llegamos a celebrar una gran cantidad de contratos sin que nos demos cuenta. Por poner algunos ejemplos solo recuerde cuando fue a la tienda por lo del desayuno (compraventa); o cuando se subió al bus o al taxi (transporte). También recordará usted que en ningún momento fue necesario haberse sentado con estas personas a firmar un contrato o a discutir las cláusulas que lo iban a integrar.

Pero, ¿por qué ocurre esto? Ocurre por la sencilla razón de que los contratos siempre responden a las necesidades y a las condiciones de la sociedad en la cual son utilizados. En Colombia, a pesar de que la cultura popular diga lo contrario, es posible obligarse con la palabra, lo cual se debe a que el ordenamiento jurídico reconoce la necesidad de imprimirle mayor celeridad a algunos tipos de contratos. Sin embargo, existen contratos en los que se sacrifica velocidad por seguridad, tal como ocurre con la venta de bienes inmuebles.

Ahora bien, así como se ha reconocido la necesidad de que los contratos puedan ser consensuales o formales, también se ha comenzado a reconocer la necesidad de integrar la tecnología al mundo de los contratos. Desde hace algunos años se dio a conocer al mundo la tecnología del Blockchain, que de manera resumida puede ser definida como una gran base de datos compartida en la que se van generando registros en cadenas de bloques.

El Blockchain ha permitido el surgimiento de otras dos nuevas tecnologías que en mi opinión tienen el potencial suficiente para cambiar la contratación tal y como la conocemos. La primera de estas tecnologías son las criptomonedas, las cuales se caracterizan por no ser emitidas por ningún banco, ni por estar relacionadas con ningún país. Esta situación permite que en procesos de contratación (en especial los internacionales), se garantice mayor estabilidad económica, al desligarse conceptos como los de tasa da cambio, costos de intermediación, devaluación o inflación, conceptos propios de las monedas convencionales.

En segundo lugar, están los contratos inteligentes, que dicho sea de paso, no son contratos propiamente, sino más bien son secuencias de códigos que al verificar el cumplimiento de una condición contenida en un contrato, la ejecutan de forma automática, convirtiéndose en un gran complemento de ejecución contractual.

 

 

 

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