Carlos Eduardo Amézquita

Las expectativas naturales e históricas sobre el advenimiento del Milenio en el 2020, sobre los relevos generacionales de grandes líderes sociales y religiosos del planeta (incluido en el Vaticano), el crecimiento de las migraciones, el auge del desplazamiento de humanos y no humanos, el calentamiento global, los desastres ambientales, y el cambio climático tan anunciado, han promovido una rociada de estadísticas en todas las naciones.

La Organización Mundial de la Salud OMS, por ejemplo, denunció que la población humana está envejeciendo a pasos agigantados, sus predicciones indican que entre 2000 y 2050, la proporción de mayores de 60 se duplicará, pasando del 11% al 22%. Este grupo de edad saltará de 605 millones a 2 mil millones próximamente.

Se calcula que el año entrante (2020) existirán 6,5 millones de mayores de 60, muchos de ellos en condiciones extremas de pobreza y otros sin la esperanza de una pensión.

El cambio climático, el aumento del estrés térmico en la agricultura y en otros sectores industriales, conducirá a una pérdida de la productividad equivalente a 80 millones de empleos para el 2030, advirtió la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas.

Colombia no es la excepción. Recientemente el DANE (Departamento Nacional de Estadísticas) presentó datos asombrosos del 2018, los llamó “preocupantes” e inevitables.

Pregunta: ¿cómo controlar el crecimiento exponencial de la humanidad sin tener que acudir a las guerras, anticonceptivos, masacres, desapariciones forzadas, homicidios selectivos, suicidios, encarcelaciones, etc?

P.D. El caso Santrich y el correspondiente “boom en los medios” no ha permitido que la opinión pública centré su atención “sobre lo fundamental” (lo dijo Álvaro Gómez Hurtado – q.e.p.d.) como estos del Calentamiento Global y los cambios meteorológicos persistentes. Amanecerá y veremos…

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