Alexander Molina Guzmán

No hay en verdad una justificación para que cualquier persona que se haya comprometido con el acuerdo de paz de La Habana lo incumpla; por supuesto, tampoco se justifica que la institucionalidad permita su incumplimiento.

El caso de alias “Jesús Santrich”, lo convirtieron casi que el punto de honor para continuar o no con la implementación del acuerdo de paz; de hecho, sin que éste mismo fugitivo contra la paz se lo propusiera, lo convirtieron mentirosamente en el “eslabón perdido” del proceso, pues pareciera que sin él no se podría explicar e implementar el acuerdo de paz.

Pues ya está, “Jesús Santrich” abandonó el proceso de paz, después de haber dicho que seguiría en este y que enfrentaría el pleito jurídico que se viene adelantado contra él por, supuestamente, haber delinquido posteriormente a la firma del acuerdo. Él mismo arruinó la posibilidad de otra vida distinta a la violenta; él mismo se saca del proceso de paz, lo abandona y se declara un cobarde.

Hacer la paz, construirla día a día en un país como el nuestro, en donde los hechos violentos han destruido la vida de miles y miles de personas desde que se fundó esta república, es para los valientes. Y, precisamente, la firma del proceso de paz en La Habana permite que los que decidieron jugársela por la paz demuestren su valor para construirla, para darle la oportunidad a la sociedad, a ellos mismos, de vivir en un país en donde los conflictos sociales y económicos se puedan resolver de manera pacífica.

Pueda que tenga un valor, en un momento determinado de la historia, coger las armas para defender un ideal de justicia social. Pero cuando ese momento pasa y se descubre que es más valeroso hacer la paz para reconstruir un país sumido por décadas en una violencia que lo destruye, cobra sentido un acuerdo de paz que contribuya a ese propósito.

Por eso es mejor seguir alentando a los valientes que quieren en verdad apostarle a la paz, y no seguir alentando a los cobardes que la traicionan. No sólo es un cobarde quien abandona el proceso de paz; también lo son, quienes no quieren que haya verdad, justicia y reparación. Y en ese contexto, es un acto de cobardía no devolver las tierras robadas; es un acto de cobardía, impedir que se sepa la verdad; es un acto de cobardía, no reparar a las víctimas; es un acto de cobardía, volver a repetir los hechos violentos como el asesinato de líderes sociales.

La paz, definitivamente, es para valientes.

 

 

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