Piter Bonilla Díaz

Así está la llamada justicia en Colombia. Al revés. Patas arriba. Sin principios jurídicos. Mucho menos éticos ni morales. Ni normas de ningún tipo de Derecho. Desde luego que no se debe generalizar ante las personas encargadas de administrarla. Hay, con rarísimas excepciones, funcionarios de la rama que la aplican de acuerdo a la ley. Así sea con “la trampa” como suelen crearla nuestros legisladores, al decir del vulgo.

Precisamente fue el Congreso de la República cuando en época reciente hizo alarde de su proclive procedimiento  al absolver al entonces presidente Samper de su narco elección. Fue en la Cámara de Representantes donde el flamante presidente de la Comisión de Acusaciones, el inescrupuloso Mogollón, sirvió de enlace del Ejecutivo  para repartir nombramientos y contratos. Es decir, prebendas de toda índole y así obtener su salvación.

Ahora vemos otro caso  similar: El de Santos. Que logra su reelección con dineros de Odebrecht y de paso la  entramada  emboscada del Hacker contra Oscar Iván Zuluaga, ante la derrota que sufriera el traidor en la primera vuelta electoral. Con seguridad los resultados de la investigación serán como los del “elefante”, si se tiene en cuenta que la “mermelada corrupta” tiene efecto prolongado.

Pero lo más aberrante es lo que está pasando con el exministro Andrés Felipe Arias. Quien sin haber matado una mosca, y  robado un  solo peso, está siendo tratado como el peor delincuente. Caso que tuvo inicio en su pre candidatura presidencial cuando aspiró también Santos. Veamos, pues, de donde viene la plumarada, como dijera el  extinto célebre Juan Vidal.

Entonces, mientras Arias sigue afrontando la más injusta condena, los terroristas, criminales, violadores de niñas, de mujeres y reclutadores de menores, gozan de los privilegios que les otorga esta justicia fétida. Perdónenme la palabra. De mierda.  Siendo quizás lo peor, ocupando curules en el Parlamento con sueldo pagado por sus víctimas, como lo ha sido todo el pueblo colombiano.

Y lo más grave es que la Corte Suprema de la Injusticia, el Consejo de Estado, la tal Corte Constitucional y la Justicia Especial para la Impunidad de las Farc, le allanaron el camino de la manera más descarada al narcotraficante alias “Santrich”, para que se volara, con la mirada indiferente y hasta cómplice de la izquierda “mamerta”. Aunque se emberraque  Gabrielino.

 

 

 

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