Harold desapareció hace 16 años con lo que tenía puesto, un jean roto, una camiseta y unos tenis desgastados, no se llevó más ropa, ni billetera, dinero ni su celular. Todas sus cosas quedaron intactas en la casa.

Eran las 2:00 de la tarde del 3 de julio del 2003 y Harold se levantó de su cama luego que algunos de sus amiguitos del barrio de entre 10 y 11 años tocaran a la puerta de la casa de sus abuelos donde se encontraba durmiendo, y lo convidaran a salir a jugar Nintendo.

Harold Herney Marroquín tenía entonces 18 años y vivía con sus abuelos en el barrio Santa Inés de la comuna 1 de Neiva, muy cerca a la casa de su madre. Al salir, el joven se ubicó en la esquina de la cuadra en compañía de los niños. Les dijo que para poder jugar fueran primero a pedir permiso, el cual no les otorgaron sus padres. Harold mencionó entonces que regresaría acostarse, y cada uno tomó rumbo hacia su respectivo hogar. Pero él nunca más llegó.

“Los niños dicen que se dieron cuenta cuando Harold cogió camino para la casa, pero de ahí no saben más”, comenta Liliana.

La abuela del jovencito pensó que él había cogido hacia la casa de Liliana y por algunas horas no lo echaron de menos. Pero luego, percibieron que no había aparecido ni llamado, como constantemente lo hacía.

Esa noche, todos en su familia, angustiados por no verlo regresar, salieron a buscarlo, y los siguientes días repartieron volantes con su foto. Esperaron las 72 horas para colocar el denuncio ante las autoridades competentes, de manera constante por varios años fue a la Fiscalía con la esperanza de que pudieran encontrarlo, pero jamás se volvió a saber noticias de él.

Harold desapareció con lo que tenía puesto, un jean roto, una camiseta y unos tenis desgastados, no se llevó más ropa, ni billetera, dinero ni su celular. Todas sus cosas quedaron intactas en la casa. Si habrá decidido en un segundo irse para otra parte, o con alguien, o quién se lo llevó, es un gran misterio.

Liliana Marroquín asegura que para esa misma época, otras tres madres también perdieron a sus hijos de manera similar en los barrios Cándido y Las Mercedes, pero que después de tantos años perdió contacto con ellas.

 

Un joven juicioso

Ya han pasado 16 años desde la última vez que su familia lo vio. Harold Herney había terminado su bachillerato y deseaba continuar en el Sena, ya incluso había pasado la documentación para hacer intercambio. “A los ochos meses después de desaparecido me llamaron informándome que él había salido favorecido para hacer el intercambio, yo les dije que le dieran la oportunidad a otro joven porque Harold estaba desaparecido”, recuerda con gran tristeza su madre.

También hacía parte del grupo de patrulleros, y una de sus funciones era ser edecán de las reinas en las temporadas sampedrinas, la última a la que acompañó fue a la representante del Atlántico, ganadora ese año del certamen del Sanjuanero. En la noche, el joven se iba a recoger chance con un tío.

Indica Liliana que su hijo era un muchacho muy juicioso, se la llevaba bien con sus vecinos, no era problemático ni tenía vicios, y si salía algún lado con su novia o amigos le avisaba a ella o a sus abuelos. Cuenta que luego de que ella de separó de su marido estando embarazada, Harold fue su gran apoyo, pues ayudaba a cuidar a sus dos hermanitos menores y los transportaba para la escuela.

“Es muy duro todos los días pensar qué le pasó, cómo está, decían que lo habían visto en Zarzal, en Florencia, y para allá me iba, duraba dos o tres días buscándolo y nada. No aparece en las fosas comunes que se han encontrado, he intentado comunicarme con los ex miembros del grupo guerrillero Farc para preguntarle si saben de él y por ningún lado obtengo respuesta”, menciona la señora Marroquín.

Cada 16 de octubre, fecha del cumpleaños de Harold, le pide a Dios que donde esté lo bendiga, le tenga un techo y un plato de comida y lo regrese a ella. Hace un llamado a la ciudadanía de que si alguien lo ha visto se comunique al número celular 3214696959 para que le dé información.

“Siempre lo estaré esperando. En mi corazón de mamá yo a él lo siento vivo, y solo mi Dios me lo ha de devolver, a cualquier momento sé que regresará para tenerlo entre mis brazos. En las temporadas de diciembre, de Sampedro vivo pendiente en la casa de que él llegue”, expresa Liliana.

Liliana con la foto que conserva de su hijo poco tiempo después de desaparecer.

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