Andrea del Pilar Bautista Perdomo

El ser humano debe siempre mantener la armonía con uno mismo y con todo lo que este a su alrededor, debe siempre buscar la forma de tomar el sendero del triunfo orientado hacia el equilibrio, recordemos que cada uno es el arquitecto de su propio destino. Estamos diseñados para ser sociables, amables, loables y muchas veces quien tronca su camino es quien menos se cree, a veces entregamos con alma, vida y sombrero a un proyecto determinado y de la nada sentimos que se nos caen las piezas; para ello debemos tener la fortaleza, la entereza de poder afrontar los sinsabores de la vida que se deben aceptar con dignidad y responsabilidad. El silencio definitivamente es la mejor arma para evitar la controversia, pero no dejes que pisoteen tu actuar y siempre defiende tu dignidad con las mejores armas de la vida, la sencillez, la humildad, la tranquilidad, pero por sobre todo con la paz del deber cumplido bajo el principio de la honradez, la lealtad y el amor al prójimo. Con todo esto quiero connotar a que debemos pasar la pagina frente a situaciones adversas y la invitación es a que airemos la vida con un nuevo y mejor despertar. Aferrémonos a lo verdaderamente importante: Dios en primera instancia, el hogar, la familia e indudablemente a nuestro trabajo. Dediquemos calidad de tiempo y con ello encontraremos el valor más grande que es tomar la decisión de ser felices. Recordemos que la felicidad no es solamente pétalos en nuestras manos, la felicidad es el estado de tomar la decisión de encontrar un equilibrio en nuestro ser sin egoísmo, solo con sentimientos de capacidad, fraternidad, tolerancia, respeto y por sobre todo de tranquilidad con nuestro interior; sólo así veremos de una forma diferente de transformar nuestra vida y nuestra forma de pensar. Recordemos que la vida es tan corta que nos complicamos innecesariamente, aliviemos la carga y solo introduzcamos pensamientos buenos, prósperos, de abundancia para que así seamos unos verdaderos referentes en la vida. No permitamos que pasemos sin dejar huella imborrable a nuestro paso y que nos recuerden siempre por la satisfacción del deber cumplido. A todos mis lectores espero que estas líneas le signifiquen un cambio en su pensamiento y que actúen conforme el buen corazón les orienta, siempre con la mejor actitud y respeto de los unos a los otros.

 

 

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